Recuerdo de Saramago

Mi conversación con José, 2005-10-03

Conocí a Saramago en octubre de 2005, cuando vino a Estocolmo a pronunciar una conferencia sobre “Universidad y democracia”. Comenzó diciendo que tal vez tenía algún sentido que alguien como él, que nunca había podido ir a la universidad, hablara un poco sobre la necesidad de democratizar la universidad. Después de la conferencia organizamos una modesta cena en la biblioteca del Instituto de Estudios Latinoamericanos. Me tocó en suerte sentarme cerca de él. Comenzamos a hablar y pronto estábamos conversando el uno con el otro, con una sencillez increíble y conmovedora. Estábamos ahí, comiendo y bebiendo un poco de vino, hablando de igual a igual. Tocamos el tema del humanismo y la revolución. Dijo: “No es posible ser revolucionario sin ser humanista”. Y no lo dijo de manera categórica; lo dijo como el campesino que dice: “Hoy va a llover”, o como el obrero que comenta: “Esta máquina está un poco cansada”. Oyó mis argumentos como quien oye a un compañero razonable, yo oí los suyos como quien escucha a un camarada de todas las luchas. No hubo afectación, ni distancia, ni desnivel en el trato. Cuando nos despedimos, lo hicimos con el tranquilo y sereno afecto de los amigos verdaderos. José Saramago era todo hecho de empatía y calor humano.

Querido José, lo que aprendí de ti está vivo en mi corazón.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010-06-18

"No es posible ser revolucionario sin ser humanista"


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