José María Arguedas: la voz de su pueblo

ImagenCarlos Arroyo Reyes (izq.) y Carlos Vidales Rivera (der.) en el homenaje a Arguedas

Palabras de Carlos Vidales Rivera, historiador, periodísta, profesor jubilado de la Universidad de Estocolmo, quien tuvo cercana amistad con José María Arguedas 1968-1969, en el Homenaje a José María Aguedas “Legado y Vigencia” organizado por el frente político Gana Perú-Suecia con la colaboración de radio Amazonas, Casa Perú y Studie Främjandet, que se llevó a cabo en los locales de Studie Främjandet de Sundbyberg, el sábado 31 de marzo del 2012.

Gracias por la invitación, la recibo como un gran honor, como una gran distinción, me conmueve mucho, porque como ya he dicho en una entrevista y como los que me han oído otras veces saben, yo me pongo casi siempre a llorar cuando hablo de Arguedas.

Voy ha retomar un poco el punto donde terminó Carlos Arroyo.

Arguedas es un fenómeno popular, es querido, amado por su pueblo. No existe en ningún otro país del mundo un escritor cuya figura aparezca en afiches, en manifestaciones políticas; el pueblo sale a manifestar, los indígenas comuneros salen a manifestar, los pobladores salen a manifestar y llevan la efigie de Arguedas; o sea, Arguedas no solamente es un escritor, Arguedas es la identidad de todos esos millones de personas. Las gentes del pueblo lo reconocen como suyo.

Voy a utilizar aquí la palabra indio porque se usaba en tiempos de  Arguedas; el propio Arguedas la usaba. Hoy lo políticamente correcto sería utilizar indígena, pero Arguedas usaba indio, porque no existía esa idea de lo políticamente correcto y Arguedas decía “indio” con orgullo, con ternura y con cariño. Yo voy a usar el término de igual manera y voy a decir: así como los indios de la hacienda recogieron a Arguedas, así también el pueblo peruano recoge a Arguedas hoy, en las calles, en las plazas, en sus manifestaciones.

Y así como la madrastra de Arguedas echaba a José María a la cocina, así la oligarquía peruana y los gobernantes echan a Arguedas de los actos oficiales, porque ellos son las madrastras, ellos representan el papel de la mala madrastra, no solamente contra Arguedas sino contra el pueblo, de manera que sería raro, sonaría raro, que de repente salieran estos gobernantes, sobretodo los notables del establecimiento político y social, salieran a cantarle loas a José María, porque él no es de ellos, él es del pueblo y con esto se dice casi todo sobre la vigencia de su obra y de su vida.

Cuando llegué a Perú, el año 1968 (ya había estado antes varias veces, pero cuando conocí a José María el 68), venía de una terrible experiencia personal y política, venía ya de dos guerrillas, nos habían aplastado, habían asesinado al Che y todo eso; entré al Perú haciendo un trabajo de recopilación antropológica y en esas circunstancias nos hicimos amigos con Arguedas.

Yo venía muy influido por las lecturas de uno de los hombres que más me han impresionado en la teoría marxista, el italiano Antonio Gramsci, que cayó a la cárcel, fue llevado a la cárcel por Mussolini el mismo año en que Arguedas fue llevado a la cárcel por el gobierno de Benavides. Pero Gramsci no tuvo tanta suerte como José María, Gramsci murió en la cárcel; y los comunistas no conocieron la extraordinaria obra filosofica de Gramsci sino hasta después de su muerte. Uno de los aportes más interesantes de Gramsci a estos temas que estamos tratando, es el concepto del intelectual orgánico; él decía que el intelectual orgánico de la revolución, no es el intelectual del partido, no hay que confundir, porque el intelectual del partido puede ser un excelente intelectual, pero muchas veces es un burócrata de las letras, un burócrata del intelecto, un comisario político de la inteligencia; el intelectual orgánico es el que está con su clase trabajando allí, viviendo allí, elaborando su trabajo a partir de las entrañas del pueblo mismo.

Como yo viví el último año de vida de José María en su casa, pude ver como trabajaba él. José María tenía una enorme cantidad de informantes, eran indígenas, comuneros, generalmente comuneros que venían desde la sierra, desde distintas ciudades, pueblos y comunidades y le traían cosas que ellos recopilaban; en dos ocasiones en que viajé a la sierra, José María me puso en contacto con algunos de ellos; yo veía cómo ellos recopilaban tradición oral, chismes, leyendas, cuentos, cosas que se decían, datos de personajes y ellos lo anotaban y decían: “esto es para el tayta José María”; eso es un intelectual orgánico.

José María trabajaba en profundidad. Su material de trabajo era su investigación etnográfica, pero sus informantes, sus asistentes, eran la ayuda de miles y miles de peruanos; por eso sus libros, su literatura, sus novelas, sus personjes son tan extraordinariamente auténticos y vivos, aunque a veces tenga él que forzar el idioma para que los entendamos, porque ese fue el grave problema que José María tuvo.

Solamente hay dos escritores en America Latina que han tenido un problema linguístico de parecidas dimensiones: Juan Guimaraes Rosa y José María Arguedas. Se dice que José María tenía dificultades con el idioma. No, José María no tenía problemas con el idioma, era el idioma que tuvo problemas con José María, son los idiomas los que tienen problemas con la realidad.

Juan Guimaraes Rosa, para describir el Amazonas, el mundo amazónico, tuvo que inventarse un portugués nuevo, tuvo que inventarse un idioma nuevo. José María tuvo que inventarse un castellano nuevo lleno de quechua y un quechua nuevo lleno de castellanismos para poder decir de manera que todos entendieran lo que todos dicen en la vida real de una manera distinta, diferente, para poder dar la sensación de que sus personajes son auténticos: habla el mestizo desde dentro de su mestizaje, no es como en las novelas de Ciro Alegría en que el blanquiñoso cuenta cómo habla el mestizo, no, el mestizo en José María está hablando desde adentro de su mestizaje y el indio está hablando desde adentro de su condición de pongo de hacienda o desde su condición de indio comunero y esto crea problemas de expresión en el lenguaje, hay que inventar cosas nuevas y por eso tenía él que trabajar tanto con el lenguaje.

Vargas Llosa ha dicho que José María no era un virtuoso de las técnicas narrativas modernas, ¿y qué diablos es la narrativa moderna? ¿hablar como europeo? No, las técnicas narrativas modernas, vamos decir las cosas como son, implican incorporar hoy, en este mundo de la globalización que todos estos señores defienden, todas las expresiones de todas las culturas. A ver quién se atreve. José Maria se atrevió, pero para atraverse hay que violentar las normas de la narrativa moderna según los cánones de Vargas Llosa; no se puede narrar la vida de una comunidad africana con las mismas normas narrativas de Cervantes o de Vargas Llosa, hay que contarla con una estructura narrativa diferente si se quiere que esa comunidad la entienda; tiene que aprender cómo es que narra esa gente, cómo funciona su lengua narrativa. Porque la obra no solamente se ha hecho con ellos, se ha hecho también para ellos.

Las gentes andinas (ustedes lo saben mejor que yo), repiten la frase, vuelven a empezar de otra manera, se aseguran diez veces de que sí les han entendido lo que han querido decir, porque están formadas en la tradición oral y la tradición oral es reiterativa; por eso, la novela de Arguedas tiene que ser reiterativa, tiene que volver a recordar en el capítulo tercero pedazos de lo que pasó en el capitulo segundo; eso no quiere decir que no sepa manejar la técnicas modernas, eso significa que está incorporando a la narrativa moderna el pueblo real y viviente de la vida que él está describiendo; está resolviendo el problema lingüístico de la narración y esto no lo digo yo, lo dijo Arguedas en varias entrevistas: “tuve que inventar un español transido de quechua”, y eso no solamente se refiere al léxico sino también a las técnicas narrativas.

Pienso y sostengo que Arguedas es el más grande de los escritores, de los novelistas peruanos y reitero que, a mi modo de ver, es la culminación de la obra emprendida por el Inca Garcilaso y Huamán Poma de Ayala, que son esos gigantes que ven más alla de los siglos el valor creador del mestizaje cultural. Aquí han chocado culturas de una manera cruel, horrible, espantosa, nos han convertido la vida en un infierno, como dice Huamán Poma, pero de allí tiene tienen que salir cosas nuevas, de allí tiene que salir un nuevo mundo, dice el Inca Garcilaso. Arguedas culmina eso con su novela Todas las Sangres, pero lo culmina también con algo que no lograron hacer por las condiciones sociales de su época, ni el Inca Garcilaso ni Huamán Poma: la unión con su pueblo. A Arguedas lo entiende su pueblo, lo quiere su pueblo, está en la identidad de su pueblo y eso es lo que es un intelectual orgánico.

Hay algunos valores de la obra y vida de Arguedas que quisiera subrayar porque generalmente en la lucha política, nosotros hemos tenido que pelear durante nuestra vida de una manera muy dura y vamos perdiendo, o algunos van perdiendo, la capacidad de la ternura. Arguedas incorpora la reivindicación de la ternura: estamos haciendo la revolución para tener derecho a sentir la ternura por nuestro hermano, por nuestra hermana, por la naturaleza, por el río, por la montaña, por la quebrada, por el pajarito que vuela y canta, porque si no, no vale nada; estamos haciendo la revolución para tener sentimientos limpios y claros, no solamente para tener al derecho al pan, no solamente para tener derecho a la justicia social y eso está presente en toda la obra de Arguedas.

Arguedas, cada vez que describe a un oprimido lo describe con un amor inmenso, con una ternura inmensa. Esa es una cualidad que marca el valor de un verdadero revolucionario y creo que esa es una de las cosas que le dan más vigencia a la obra de José María Aguedas.

Transcrito por Emperatriz Machaca

Nota: mi intervención fue deliberadamente breve para permitir el debate y el diálogo, que resultó ser extenso, fructifero y con excelente participación de los asistentes. A todos ellos, mi gratitud. Carlos Vidales, Estocolmo.