Acompáñame a estar solo

Carnaval de Río

Carnaval de Río – Brasil

Publicado originalmente en sueco bajo el título Ensamma är vi alltid tillsammans (Solos estamos siempre juntos), en el diario Svenska Dagbladet, el 18 de octubre de 1997. Dicha versión sueca puede leerse en La Rana Dorada. He preferido realizar una traducción casi literal de esta crónica en lugar de escribirla de nuevo en castellano. CV.

Vivir la soledad es, presumiblemente, un placer para la mayoría de las personas en esta galaxia. De otro modo no estaríamos tan frenéticamente ocupados en establecer límites, legislar sobre prohibiciones, aplicar reglas restrictivas y cerrar puertas.

Por todas partes se ven signos y señales que advierten sobre la humana nostalgia de la soledad.

Esta pulsión, común a todo el género humano, es tan poderosa que algunos quieren estar completamente solos en la soledad.

Octavio Paz escribió hace más de medio siglo un luminoso ensayo con el título El laberinto de la soledad, en un intento de descubrir los rasgos característicos de los mexicanos. Y aunque no lo afirmó categóricamente, los lectores tienen la impresión de que los mexicanos, solamente los mexicanos, son seres solitarios por naturaleza.

Pero en ese punto está equivocado.

El poeta peruano César Vallejo consiguió, a fines de la década de 1930, construir una formulación que incluye tanto la soledad universal, íntima, individual, como la variación cultural que esta humana angustia puede manifestar: “… subes a acompañarme a estar solo…

Ven, amigo, ayúdame a etar solo. Ven para que podamos estar solos juntos.

Y el chileno Pablo Neruda reconoció abiertamente en su Canto General, algo que muchos latinoamericanos intentan mantener en secreto, eso que Octavio Paz ve solamente en los mexicanos: “… en la soledad más espesa, la de la noche de fiesta…

Naturalmente. ¿Por qué habríamos nosotros, los latinoamericanos, de hacer fiestas, si no fuera para poder estar solos?

Nos reunimos en grandes cantidades, gentes de todos los colores, edades y tamaños, bailamos y bebemos, gritamos, volvemos a bailar, cantamos y reímos y bebemos más y nos hacemos bromas los unos a los otros. Con la máscara siempre puesta. Y bebemos un poco más. En el más íntimo círculo del alma, bajo la protección de la ruidosa muchedumbre multicolor, está cada individuo para sí solo y continúa tranquila y gozosamente su eterno diálogo consigo mismo.

La locura del carnaval constituye un ambiente apropiado para la soledad latinoamericana. Hemos desarrollado el viejo carnaval medieval, que era tal vez un grito desesperado de protesta contra el hacinamiento de la pobreza, hasta convertirlo en una representación colectiva en la que cada cual juega un papel en una parodia sobre la tormentosa historia y convivencia de todos. Soldados romanos, fenicios codiciosos y fastuosos, negros que danzan e improvisan música con las simples herramientas del trabajo esclavo en lugar de verdaderos instrumentos musicales, inquisidores, falsos reyes, caballeros cruzados, gordos cardenales, mujeres de fantasía, “indios” de toda clase, momias, alegres esqueletos.

Todos esos disfraces y máscaras nos recuerdan nuestros antepasados, hermanos y primos: asiáticos de Mongolia, chinos, celtas, fenicios, romanos, judíos, antiguos y modernos germanos, árabes de África del norte, esclavos de Guinea, Congo o Dahomey, caníbales caribeños, piratas medievales de todos los colores, polacos, turcos, libaneses, italianos, gitanos, en fin, todos los tipos humanos de todos los continentes, que no solamente han llegado a nuestros países durante los últimos 60.000 años, sino también se han mezclado unos con otros con innegable entusiasmo.

Nuestra soledad se alimenta en la fuente de una multicultural nostalgia de las muchas tierras que nuestros antepasados tuvieron que dejar cuando acudieron al Mundo Nuevo para crear este carnaval de apariencia caótica que llamamos “la sociedad latinoamericana”. La sociedad del mestizaje. Esta es precisamente la multiplicidad que nos embarga cuando estamos solos o, mejor dicho, cuando estamos “con nosotros mismos”.

Porque la soledad es una compañía, es la confrontación del individuo consigo mismo, un diálogo entre la criatura humana y su alma, entre el ser individual y su universo interior.

Existen otras naciones, más exóticas, donde las gentes procuran aislarse por completo para administrar su soledad. Trabajan duramente y gastan mucho dinero y recursos para lograr su objetivo: una roca solitaria cerca del Ártico, con bella vista sobre el mar y el bosque bajo el cielo profundamente azul.

Debe reinar un absoluto silencio, porque el silencio es el esposo de la soledad en la mitología de estas criaturas. Cada individuo debe tener su propia roca muy lejos de las rocas de otros. Uno permanece sentado ahí, completamente solo, con el teléfono portátil apagado, hablando en silencio con su propia alma.

El español Miguel de Unamuno ha descrito magistralmente el carácter de este diálogo interior como una de las premisas fundamentales de la existencia. Cada cultura vive este diálogo de la soledad a su manera y en su forma. Criticar una u otra forma sería algo tonto. Si el humano nórdico necesita cien kilómetros cuadrados para estar a solas consigo mismo, pues que lo haga. Que cada cual atienda sus negocios a su gusto.

Nosotros, los latinoamericanos, empleamos a veces un truco muy astuto cuando queremos compañía en la soledad: nos reunimos en torno a una mesa en algún café y simulamos conversar los unos con los otros. Después de unos minutos de animada argumentación comenzamos a hablar simultáneamente, no los unos con los otros sino los unos encima de los otros. Nadie escucha y todos argumentan.

“¡Qué locos!”, pensará seguramente la criatura nórdica que mire este espectáculo. Pero las apariencias engañan. Lo que ocurre en realidad es que cada uno habla con su propia alma y aprovecha la ocasión para tomar al mismo tiempo un café con los amigos. Genial, ¿no?

¿Y de qué trata el eterno diálogo interior?

Gertie Englund, egiptóloga de la Universidad de Uppsala, nos ofrece una parte importante de la respuesta. En su excelente libro Så tänkte de (Así pensaban ellos) podemos seguir la conversación de un hombre del antiguo Egipto con su alma. Un texto de hace 4.000 años describe la discusión. El hombre está cansado de la vida y desea la muerte. Él intenta convencer a su Ba (alma, otro yo) de que la muerte y el reino de los muertos es mejor para ambos. “El Ba es de otra opinión completamente diferente y sostiene que el hombre se hace representaciones sentimentales y erróneas sobre lo que la muerte significa”.

El Ba argumenta: “Eres un humano y vives. Pero, ¿de qué te sirve? Escúchame, escuchar es bueno para los humanos. ¡Sé feliz y alegre y olvida las preocupaciones!”

El hombre insiste. Él quiere hablar sobre la muerte, sobre el otro lado de la vida, sobre la vida después de la vida. El Ba intenta explicar que uno no debe hacer preguntas sobre problemas que todavía no existen, que “uno no debe pedir una comida antes de tiempo sino cuando es hora de comer”. El hombre se empecina y habla sobre una materia de la cual ni él ni el Ba tienen experiencia alguna. El Ba exige que ambos permanezcan en el reino de la vida y sus problemas reales.

La conclusión de Gertie Englund es aleccionadora: “En esta antigua narración egipcia tenemos un testimonio sobre cómo el ser humano encuentra en su interior un interlocutor que es una parte de él mismo pero que no equivale a su yo conciente. Este interlocutor tiene otras ideas sobre cosas y casos, y sobre conductas apropiadas y formas de relación, de las que el individuo ha meditado. Es un aspecto de su propia alma que sale a su encuentro, algo que tiene su propia opinión acerca de lo que es la vida y de cómo se ha de vivir la vida”.

Finalmente “subraya el Ba cuán importante es que los dos lados de la persona mantengan comunicación mutua”.

Esto es precisamente lo que intentamos hacer, una y otra vez, y por eso queremos vivir nuestra amada soledad, independientemente de si nuestra roca está en la vecindad del Ártico o en medio de un estruendoso carnaval.

Carlos Vidales
Estocolmo, 5 de julio de 2014

 

De dos males… ¿el más nuevo?

La obra del paramilitarismo uribista en Colombia

La obra del paramilitarismo uribista en Colombia

Noticia: recientemente se realizó la Primera Vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Las dos fuerzas que quedaron calificadas para ir a la Segunda Vuelta fueron: 1- La del candidato del uribismo, señor Zuluaga; y 2- La del presidente en ejercicio, señor Santos. Las organizaciones y grupos de la oposición están enzarzadas en viva discusión sobre si abstenerse, votar en blanco o apoyar al señor Santos, pues el candidato del uribismo es garantía segura de que las negociaciones de paz que se desarrollan en La Habana entre las FARC y el gobierno, serán clausuradas o gravemente lesionadas. De este modo, el tema de las negociaciones de paz se ha convertido en el foco central de la Segunda Vuelta presidencial. En estas circunstancias, el escritor William Ospina ha sacudido el debate político al anunciar su apoyo a la candidatura uribista. El texto de su declaración puede leerse haciendo click en su título: De dos males.

Esta es mi respuesta a la declaración de William Ospina:

De dos males, ¿el más nuevo?

Confieso que no me sorprendió en absoluto la columna de William Ospina en favor del candidato uribista. Lo que a otros ha parecido absurdo a mí me ha parecido perfectamente lógico: que él apoya al representante de la guerra, de las motosierras, de los desplazamientos y del horror, porque “con ellos no es posible llamarse a engaños: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposición, no fingen amarla”. Digo que me parece lógico, porque desde hace años vengo pensando que un escritor dedicado a reciclar la sangrienta epopeya de los conquistadores en sucesivos mamotretos de caballería tropical, tarde o temprano tiene que terminar rindiendo culto a la feroz dinámica de la conquista.

“Uribe, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento colombiano que hacía agua por todas partes”. Ponga usted esa frase inmortal en otro contexto, por ejemplo: “Hernán Cortés, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo de México, pero que benefició enormemente a la vieja aristocracia española, podrida hasta sus cimientos”. O bien: “Mussolini, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento que hacía agua por todas partes”. Lo que hay detrás de todo esto, que literalmente se aplica a Hitler y a Franco, es la creencia de que una nueva élite conquistadora (inteligente, astuta, con tremenda energía, sin escrúpulos, violenta e implacable) es mejor que una vieja élite corrupta que hace agua por todas partes. En otras palabras: que es muy bueno que esa vieja élite se caiga de una vez por todas aunque la sociedad entera caiga de la sartén al fuego o directamente al infierno. Fue cabalgando sobre ese sofisma fascista que Mussolini ganó las elecciones, que Hitler ganó la elecciones y que los fascistas rumanos, húngaros y portugueses sostuvieron siniestras dictaduras militaristas durante muchas décadas trágicas.

Se necesita ser un ingenuo admirador de la conquista para sostener que el uribismo, que es la Segunda Conquista (con sus desplazamientos, su despojo de tierras, sus masacres, su odio contra las víctimas, su glorificación de la violencia), es mejor que las viejas élites formadas en la Primera Conquista, como si la renovación de la sociedad colombiana debiera pasar por la renovación del horror y del genocidio.

Pero también se necesita tener una mentalidad de libros de caballería para creer que unas elecciones deciden todo el destino de un país, y no de un país cualquiera, sino de Colombia, donde no vota el 60 por ciento de las víctimas (en Colombia no hay electores, hay víctimas) y donde la inmensa mayoría sigue viviendo según sus propias leyes particulares e individuales sin que se sepa exactamente cuáles son, porque se hace lo que se puede y eso es muy cambiante y muy dinámico. Tanto los amantes de los nuevos conquistadores, como los partidarios de los viejos, como quienes creemos en la necesidad que construir una sociedad nueva, diferente, deberíamos ser conscientes de que el uribismo y sus paracos, sus bacrim, sus urabeños, harán lo que puedan hacer ganen o no ganen las elecciones, y así haremos todos los demás, gane quien gane la segunda vuelta.

Si algunos, o muchos, votan desde la izquierda por el señor Santos, no están votando por la “vieja oligarquía bogotana” (curiosa categoría sociológica inventada para defender a la nueva oligarquía antioqueña, no para defender al pueblo). No. Estarán votando contra los bandidos que hacen política desde la cárcel, porque nunca, jamás en la historia de Colombia, o del mundo, ha habido tanta jefatura de un movimiento político haciendo liderazgo desde detrás de la rejas, donde están por ladrones, fascinerosos y genocidas. ¿Esa es la “nueva élite” que nos propone nuestro ilustre narrador de la épica conquistadora?

Como ya se ha señalado en estos foros, el socialista francés Jean Jaurès, asesinado en 1914 por oponerse a la guerra mundial que se acercaba, explicó: “en la primera vuelta, escogemos, en la segunda, eliminamos”.

Y esto es lo que queremos hacer en esta segunda vuelta, compatriotas. No pudimos escoger lo que queríámos en la Primera Vuelta, pero en la segunda ejerceremos nuestro derecho a eliminar lo que de ninguna manera queremos. No es mucho, pero es algo y, como dice el filósofo Rajoy, algo es algo. No le demos más vueltas ideológicas a este asunto.

O sí: es incompatible ser admirador de los gobiernos “progresistas” de América Latina, que con todas sus deficiencias, errores, limitaciones y dificultades trabajan por el bienestar del pueblo y, al mismo tiempo, ser admirador de los genocidas con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animales políticos.

Es imposible conciliar esas dos cosas. Decídase, William, por una de las dos, pero no por ambas.

Carlos Vidales
Estocolmo, 1 de junio de 2014

El desterrado

O desterrado (1872). Obra del escultor portugués Soares dos Reis (1847-1889). Mármol de Carrara.

O desterrado (1872). Obra del escultor portugués Soares dos Reis (1847-1889). Mármol de Carrara.

(De Cuadernos del exilio)

Demonio
caído de un edén
de sangre y fuego.

Réprobo
apóstata del odio
y de la muerte.

Rebelde
desertor de la ira
y de la secta.

Ser o no ser: el haber sido
y el cotidiano ser de ya no ser.

Paria de tí mismo:
espanto es la hermosura de tu orgullo.

No hay suelo que quiera ser morada
de tus raíces muertas.

No hay aire que sostenga
tu vuelo sin alas.

Tu pasado: recuerdos.
Tu presente: recuerdos.
Tu porvenir: recuerdos.

Demonio réprobo
caído de un sangriento paraíso.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2014

Crecer

Sin tierra. Desterrados. Foto de Sebastiaõ Salgado.

Sin tierra. Desterrados. Foto de Sebastiaõ Salgado.

(De Cuadernos del exilio)

Crecer y multiplicarse.
Invadir las ciudades y los campos.
Acusar, a golpes de mirada fija,
con tu sola presencia innumerable
y hacer de tu sombra sin límites, sin forma,
una mancha global de orgullo y de vergüenza.

Crece, crece. Inunda las calles y las plazas.
Siembra insomnio en el sueño de los opresores,
rompe los muros, las alambradas, las fronteras.

Te robaron tu patria.
¡Haz del planeta tu patria indivisible!

Carlos Vidales
Estocolmo, 2014

Teología de la pelota

Universum - C. Flammarion, coloreado por Hugo Heikenwaelder, Wien 1998, del grabado de autor anónimo en la obra de Camille Flammarion, L'Atmosphere: Météorologie Populaire (Paris, 1888),  p. 163. La imagen representa a un monje que traspasa el límite entre el cielo esférico y la tierra plana. El original tiene un texto en la base que dice: "Un misionero medieval cuenta que ha encontrado el punto en que el cielo y la Tierra se encuentran..."

Universum – C. Flammarion, coloreado por Hugo Heikenwaelder, Wien 1998, del grabado de autor anónimo en la obra de Camille Flammarion, L’Atmosphere: Météorologie Populaire (Paris, 1888), p. 163. La imagen representa a un monje que traspasa el límite entre el cielo esférico y la tierra plana. El original tiene un texto en la base que dice: “Un misionero medieval cuenta que ha encontrado el punto en que el cielo y la Tierra se encuentran…” (Tomado de Wikimedia Commons)

En aquellos tiempos oscuros
no se podía jugar fútbol
porque, según el dogma,
la pelota era plana.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010

Nota bene: La ironía de este poema no va dirigida contra la teología católica ni contra el pensamiento medieval, pues durante toda la Edad Media fue sabido por la gente culta europea que la Tierra y la pelota eran objetos esféricos. Fueron los filósofos presocráticos quienes creyeron que la Tierra era plana, si bien Parménides y Pitágoras afirmaron que era una esfera. Más tarde, Aristóteles ofreció las razones lógicas para postular esta esfericidad. En muchas otras culturas de la antigüedad se consideró como verdad científica y religiosa la idea de que nuestro mundo era plano. Los mayas conocieron la redondez de nuestro planeta y, desde luego, la anatomía esférica de la pelota de caucho natural, de la que fueron inventores. El mito “racionalista” de que los teólogos medievales sostenían que la Tierra era plana fue inventado durante el siglo XVII para desacreditar al catolicismo, empresa en la que se dieron la mano los protestantes y los científicos librepensadores, pioneros de la “Edad de la razón”. Según James Hannan, “El mito según el cual las personas de la edad media creían que la Tierra era plana aparece en el siglo XVII como una campaña por los protestantes en contra de las enseñanzas católicas. Pero logró notoriedad en el siglo XIX, gracias a historias no basadas en hechos como en History of the Conflict Between Religion and Science (Historia del conflicto entre la religión y la ciencia) de John William Draper publicado en 1874 y en History of the Warfare of Science with Theology in Christendom (Historia de la guerra entre la ciencia contra la teología de la cristiandad) de Andrew Dickson White publicado en 1896. Ateos y agnósticos lucharon para imponer esta idea del conflicto para lograr sus propios propósitos…” (James Hannam. “Science Versus Christianity?”). Así pues, mi poema se burla tanto del pensamiento dogmático como de las absurdas mentiras fraguadas por algunos en nombre de la ciencia para luchar contra el dogmatismo. Vale.

Fútbol precolombino

Mural maya (fragmento). El juego de pelota.

Mural maya (fragmento). El juego de pelota.

Los mayas jugaban con la cadera.
No jugaban football sino hipball.
Se castigaba severamente
al jugador que tocara la pelota
con la cabeza,
pues la cabeza estaba destinada
a calcular los movimientos de las pelotas del cielo,
donde los dioses juegan con sus caderas de tinieblas
y precipitan soles y galaxias
en esos agujeros negros,
dioses del hambre inmemorial
en cuyos hornos turbulentos
se fabrican los nuevos universos.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010

30 de febrero en Suecia

Calendario sueco, 1712

Calendario sueco, 1712

På svenska och spanska. En sueco y castellano.

I Sverige (som då även inkluderade nuvarande Finland) planerade man att övergå från den julianska kalendern till den gregorianska, genom att med början år 1700 ta bort skottdagarna under de följande 40 åren. Den julianska kalendern gick från och med år 1700 nämligen elva dagar efter den gregorianska, så genom att ta bort en dag vart fjärde år vid elva tillfällen (1700, 1704, 1708, 1712, 1716, 1720, 1724, 1728, 1732, 1736 och 1740) tänkte man sig en så mjuk och smärtfri övergång till den nya kalendern som möjligt. Kalenderreformen inleddes alltså år 1700, genom att 29 februari togs bort ur den svenska almanackan. Ungefär vid samma tid utbröt dock det stora nordiska kriget, vilket ledde till att kalenderreformen glömdes bort och 1704 och 1708 hade man skottdagar som vanligt. Detta ledde till, att Sverige i början av 1700-talet hade en egen kalender, som gick en dag före den julianska och tio dagar efter den gregorianska. Detta innebar bland annat att slaget vid Poltava 1709 utkämpades den 28 juni enligt svenska kalendern, men 27 juni enligt den julianska och 8 juli enligt den gregorianska.

Så småningom bestämde dåvarande svenske kungen Karl XII att det var för krångligt med en egen kalender och 1712 återgick Sverige till den julianska kalendern genom att detta år ha två skottdagar, vilket innebar, att 29 februari alltså följdes av 30 februari. Detta datum motsvarades alltså av den 29 februari i den julianska kalendern och den 11 mars i den gregorianska. Från och med dagen därpå var den svenska kalendern därmed i fas med den julianska (1 mars i dem båda, vilket motsvarade 12 mars i den gregorianska).

Den svenska övergången till den gregorianska kalendern genomfördes slutgiltigt 1753, då man strök de sista elva dagarna i februari, så att 17 februari det året följdes direkt av 1 mars.[1] Denna metod hade Danmark-Norge använt sig av, när de övergick till den gregorianska år 1700. (Tomado de Wikipedia)

Mi traducción:

En Suecia (que entonces incluía a la actual Finlandia) se planeó una transición paulatina de 40 años a partir del año 1700, para remplazar el calendario juliano por el gregoriano. Desde 1700, el calendario juliano estaría once días detrás del gregoriano, y se pensó entonces que se podría lograr una transición lo más suavemente posible, eliminando un día cada cuatro años, en once ocasiones (1700, 1704, 1708, 1712, 1716, 1720, 1724, 1728, 1732, 1736 y 1740). Casi al mismo tiempo, sin embargo, estalló la Gran Guerra del Norte, lo que condujo a que la reforma del calendario cayera en el olvido y tanto 1704 como 1708 fueron años bisiestos como había sido la anterior costumbre. Consecuentemente, Suecia tuvo en los comienzos del siglo XVIII su calendario propio, que iba un día antes del juliano y diez días después del gregoriano. Entre otras cosas, esto significó que la batalla de Poltava se libró el 28 de junio de 1709 según el calendario sueco, pero el 27 de junio según el juliano y el 8 de julio según el gregoriano. Finalmente, el entonces rey Carlos XII decidió que un calendario propio era algo demasiado complicado y en 1712 regresó Suecia al calendario juliano mediante el ajuste de agregar dos días ese año. Esto implicó que, además del 29 de febrero, Suecia tendría un 30 de febrero en 1712. Así, esta fecha se correspondía con el 29 de febrero en el calendario juliano y con el 11 de marzo en el gregoriano. Con esto, a partir del día siguiente estaría acorde con el calendario juliano (1 de marzo en ambos, lo que correspondía al 12 de marzo en el gregoriano).

La transición sueca al calendario gregoriano se realizó definitivamente en 1753, año en el cual se suprimieron los últimos once días de febrero, de modo que, ese año, el día siguiente del 17 de febrero fue el 1° de marzo. Este método había sido empleado por Dinamarca-Noruega cuando realizaron su transición en 1700.

Muere el año

indignados_02Termina el año 2013 con las mismas injusticias seculares, la misma vieja opresión, la misma antigua, perversa corrupción en todos los rincones del planeta. Naciones enteras en retroceso hacia las formas más oscuras de la intolerancia, las prohibiciones, los crímenes contra la libertad y contra la dignidad humana. A los infames recortes sociales siguen los recortes de los derechos de las mujeres, de los niños, de los inconformes, de los que se aman, de los que piensan, de los que intentan defender la intransferible propiedad de su intimidad, de los que rechazan los privilegios, de los que defienden a la naturaleza y a los animales, de los que exigen la paz, el libre pensamiento, la educación para todos y el valor de la opinión y de la conciencia.

Un rey que asesina elefantes a precio exorbitante que es pagado por algún reyezuelo extranjero a cambio de favores en la adjudicación de contratos, un presidente que desata guerras por doquier en nombre de la paz, un régimen que permite el asesinato de adolescentes en nombre de la moral sexual, otro que invade las antiguas colonias de su nación sin siquiera solicitar el visto bueno de las Naciones Unidas, gobiernos que se erigen en dictadores de la vestimenta femenina, prohibiendo el velo de la Virgen María y financiando con prebendas fiscales la propaganda comercial del cuerpo femenino, regímenes que bombardean ciudades y campos asesinando niños y ancianos con impunidad hitleriana, todo ello en medio de la orgía global del consumo y la alta tecnología mientras la atmósfera se ahoga, el planeta se calienta y la diversidad biológica se asoma al borde de la catástrofe, todo ello marcaría los síntomas del fin de nuestra especie si no fuera porque los indignados, los rebeldes, los importunos crecen y se multiplican y cubren la tierra como las langostas bíblicas que en su día pusieron de rodillas al poderoso faraón.

Sí, el año nuevo que ya llega anuncia grandes luchas de los pueblos, de las muchedumbres marginadas, despreciadas y oprimidas. Dirá el tiempo si esas luchas llegan demasiado tarde o si, por el contrario, lograrán detener la orgía suicida de las clases dominantes del mundo. No siendo profeta, me niego a profetizar. Pero quisiera tener la voz poderosa de los jueces bíblicos que anunciaban la cólera santa de los pueblos y clamaban contra la corrupción, la mezquindad y la estúpida avaricia de los opresores.

Que venga el nuevo año y traiga luz en las conciencias, determinación y valor en las voluntades, heroísmo en los ánimos y solidaridad combatiente en los corazones. Que seamos capaces de barrer sin piedad las lacras de la humanidad doliente. Que seamos todos, sin vacilaciones, los rebeldes, los indignados, los revolucionarios, los importunos.

Carlos Vidales
Estocolmo, diciembre 28 de 2013

El Padre, la Espada y el Poder

Ensayo sobre la construcción de la imagen paterna del líder en la historia y en la política. El carisma y la relación carismática entre el líder y su pueblo. Reflexiones sobre el culto a Bolívar. Escrito en 1983 pero creo que ahora tiene más vigencia que entonces. Los lectores dirán.