Aireando el vino rudo (Caligrama)

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Intento seguir aquí la bella tradición sefardí de los caligramas, rogando a la benevolencia y la misericordia de quien me lea. Y su perdón, sea por la forma del cántaro, sea por el vino que contiene.

Aireando el vino rudo
(Caligrama)

Vino
barato
rudo
sincero
para raspar
la garganta
lo pondré
a respirar
lo pondré a tomar aire
lo pondré a beber aire en este cántaro
este bonito cántaro de fondo ancho y espléndido
donde nadan sueños imposibles y criaturas fantásticas
donde los ángeles del aire hacen del vino rudo vino bíblico
porque este cántaro tiene el vientre feraz y milagroso y tierno
la matriz prodigiosa de las diosas que fueron madres de los dioses
el crisol primigenio en cuyos hornos nacen los elementos de la magia eterna
y la eterna ebriedad de las constelaciones que danzan en la noche acribillada.
Y cuando el aire de mi cántaro haya preñado de misterios mi rudo y pobre vino
yo beberé con gratitud este milagro y brindaré por mi amante y por mi amigo.

Carlos Vidales
Estocolmo, octubre 21 de 2014.

Más cábalas literarias: Nobel 2014

Sede de la Academia Sueca, antiguo edificio de la Bolsa, Estocolmo.

Sede de la Academia Sueca, antiguo edificio de la Bolsa, Estocolmo.

Como un agregado necesario a mis comentarios bobos sobre las personas escribidoras que podrían posiblemente ser agraciadas con el Premio Nobel de Literatura 2014, quiero ahora ofrecer algunos datos que indican cosas interesantes, sin que hasta ahora yo haya logrado dilucidar qué cosas son esas.

En primer término, una noticia que ha caído como una bomba casera en el reducido círculo de gente snob que no se pierde estos acontecimientos: la tradicional ceremonia de “puertas abiertas al público” en el antiguo edificio de la Bolsa de Estocolmo, hoy sede de la Academia Sueca, ha sido suprimida. Esto significa que el anuncio del ganador o ganadora, él o ella, del Nobel de Literatura 2014, será pronunciado por el Secretario Perpetuo de la Academia, Peter Englund, ante periodistas de radio, prensa y televisión exclusivamente, y que ningún o ninguna sujeto o sujeta del populacho tendrá acceso a tan interesante anuncio.

Se habla de “razones de seguridad” para justificar esta restricción. A uno, que es más o menos bobo, se le viene a la mente que entre los candidatos y candidatas al premio hay un africano que ha estado en la cárcel, torturado y martirizado por tiranos y terroristas; una argelina, defensora de los derechos de la mujer, muy valiente, quien además se niega a abandonar el Islam y lucha desde adentro por los principios del humanismo; una bielorrusa, periodista, ya procesada anteriormente por su defensa de los derechos humanos, terriblemente incómoda para los ultraortodoxos rusos, ucranianos, bielorrusos, etc., certera y agudísima crítica del estalinismo pasado, presente y futuro; un chino, sobreviviente de la masacre de Tiananmen, irreductible en la defensa de libertades que algunos muy poderosos califican de “invenciones burguesas”; un checo sobreviviente de la reacción soviética contra la “Primavera de Praga”, a quien recientemente le han inventado la calumnia de que fue “informante de la policía”, para descalificar su testimonio demoledor sobre la estupidez burocrática de los “comisarios de la inteligencia”; un gringo más o menos odiado por feministas ultras, puesto que describe actos sexuales en sus novelas, y ahora colocado en la lista negra por un monstruo editor/distribuidor por denunciar los abusos capitalistas (valga la redundancia) sobre los derechos de autores y autoras; un árabe, poeta, odiado por el Mosad; y un judío, odiado por algún centenar de millones de árabes. En otras palabras, parece haber suficientes motivos para que el hall de la Academia se llene de terroristas de todos los colores, listos para inmolarse en caso de que el premio recaiga en uno, o una, que les parezca inaceptable.

Y eso que solamente he mirado una lista reducida de los candidatos y candidatas, ellos y ellas. Sabrán vuestras ínclitas mercedes que este año de desgracias de 2014, los candidatos y candidatas premiables suman la bonita cifra de 210, según la lista confeccionada ya a comienzos de año por la Academia Sueca.

Y esto me ha hecho pensar que mi lista de diez posibles, publicada recientemente, es escandalosamente pequeña y estoy corriendo el riesgo de que el premio recaiga fuera de ella y yo quede como un ridículo ignorante, como suelen quedar invariablemente los doctos y doctas expertos y expertas que pronostican categóricamente sin tener en cuenta el principio del Maestro Yoda: “El futuro es difícil de ver, porque siempre se está moviendo”.

Pero hay que jugar a las cábalas. Para comenzar, diré que en los tableros de apuestas internacionales (los más prestigiosos tienen sede en Londres, faltaba más), indican este rango de prioridades y favoritismos entre los apostadores, a fecha de hoy:

  1. Haruki Murakami
  2. Assia Djbar
  3. Ismail Kadaré
  4. Joyce Carol Oates
  5. Nawal El Saadawi
  6. Patrick Modiano
  7. Svetlana Aleksijevitj
  8. Adonis
  9. Philip Roth
  10. Paul Muldoon
  11. Karel Schoeman
  12. Adam Zagajewski
  13. Bei Dao
  14. Milan Kundera
  15. Péter Nádas
  16. Thomas Pynchon
  17. Ko Un
  18. Mircea Cartarescu
  19. Don de Lillo
  20. Jon Fosse
  21. Margaret Atwood
  22. Amos Oz
  23. Antonio Lobo Antunes
  24. Richard Ford
  25. Don Paterson
  26. Nuridin Farah
  27. Karl Ove Knausgård
  28. Peter Hanke
  29. Umberto Eco
  30. William Trevor
  31. John Le Carré
  32. Cormac Mc Carthy
  33. Javier Marías
  34. Salman Rushdie
  35. Tom Stoppard
  36. Bob Dylan
  37. Colm Toibin
  38. Les Murray

Sorprende grandemente que figuras prominentes y excelsas de las letras como Salman Rushdie, Antonio Lobo Antunes, William Trevor, Amos Oz, Milan Kundera, se encuentran en rangos tan bajos en las preferencias de los apostadores profesionales. Uno está tentado a decir que apostar no es lo mismo que leer y leer no es lo mismo que entender lo que se lee, pero es un hecho de la vida real que la Feria de las Vanidades cotiza según designios inescrutables.

Y advierto que estoy dicendo todo esto con muy buen humor y sin el ánimo de molestar a nadie, pidiendo a quien me lea que ría con gana, según el sabio consejo del buen Rabelais:

Verdad es que aquí hay poca perfección;
en cualquier caso, aprenderéis a reír.
Otra razón no puede mi corazón elegir.
Viendo el duelo que os corroe y tortura,
mejor es de risa que de llanto escribir,
porque reír es propio de la humana criatura.

Dicho lo anterior queda por registrar, con precisión científica (porque mi papá, Luis Vidales, era experto en estadísticas y no es cosa de traicionar aquí la tradición paterna), cómo es el asunto de los viejos aspirantes y los recién llegados:

En febrero de 2014 la Academia Sueca había recibido 271 propuestas de candidaturas para el Premio Nobel de Literatura. Luego de sesudas elucubraciones, dictámenes y pareceres, los honorables académicos decidieron aceptar una lista de 210 candidadtos admitidos. De esos 210, solamente 36 son candidatos por primera vez, y 174 ya han sido nominados anteriormente.

Después de esa docta e ilustrada sesión, los ínclitos académicos se fueron en tropel al restaurante Gyldene Freden (Paz Dorada), y gozaron pantagruélicamente de una bella sopa de arvejas amarillas (ärtsoppa) con panqueques (pannkakor) y dulce de bayas (lingonsylt), típico menú popular de tradición medieval en estas tierras nórdicas, que es ritual obligado, según la mitología del populacho, para cerrar la confección de las listas Nobel. Y yo cuento este detalle, basado en el relato de Peter Englund, Secretario Perpetuo de la Academia Sueca.

Carlos Vidales
Estocolmo, 3 de octubre de 2014

Nobel de Literatura 2014

Medalla del Premio Nobel

Medalla del Premio Nobel

Aunque no creo en los premios –lo he dicho varias veces–, sí creo en la influencia que los premios literarios ejercen sobre la vida cultural de pueblos y naciones. Millones de personas leen los textos que han sido tocados por la fama y orientan sus preferencias y opiniones en razón de lo que se oye, se comenta, se alude y se recomienda. Por eso –y tal vez por otras razones más nobles– tal vez sea interesante hablar del premio Nobel de Literatura que la Academia Sueca otorgará dentro de unas semanas y cuyo afortunado receptor todavía no conocemos.

Aun no ha comenzado la feria de cábalas, profecías, apuestas, anticipaciones y presagios en torno al posible ganador del premio. La muchedumbre docta de gente experta en cosas de las letras, que invariablemente se equivoca en sus predicciones, aun no ha iniciado su erudita algarabía, tan enriquecedora por lo que enseña a la horda de bobos que solamente somos lectores más o menos despistados.

Este año, pues, me adelantaré a los doctos letrados y a las doctas letradas y me permitiré ofrecer a ellos y a ellas, los y las, algunos datos que ellos y ellas ya saben pero que administran, sospecho, con poca disciplina y rigor.

Mi metodología científica es impecable, creo. Me guío por las preferencias de los lectores y las lectoras de Suecia, según se registran en las cifras de ventas de editores y libreros. Tenemos derecho a suponer que la Academia Sueca no es indiferente a estos datos, porque otras veces hemos visto que, en efecto, el premiado o la premiada ha gozado de las predilecciones del público lector nórdico previamente a la adjudicación del premio.

No obstante, la prudencia y el principio de oro de Descartes (“dudar de todo”) aconsejan no hacer pronósticos y mucho menos apuestas. Me limitaré, por lo tanto, a considerar diez criaturas escribientes sobre alguna de las cuales puede caer, tal vez, quién sabe, la lluvia de ocho millones de coronas suecas y el bonito diploma y la redonda medalla de oro del Premio Nobel de Literatura 2014. Me orientaré por la información ofrecida por uno de los mayores distribuidores y agentes de libros nuevos y usados de Suecia, la Bolsa del libro (Bokbörsen). La versión al castellano es mía, no se trata de una traducción literal.

Vamos allá.

1- Según el propio Haruki Murakami, la inspiración para escribir su primera novela Hear the Wind Sing (1979) le llegó mientras asistía a un partido de béisbol. Murakami escribió su obra en varios meses en el bar, después de su horario de trabajo, con algunas breves adiciones en el día, lo que resultó en un texto algo fragmentario, a saltos, con breves capítulos. Cuando terminó, envió inmediatamente su novela al único concurso que recibía obras de ese tamaño, y ganó el primer premio. De todos modos, en esta su primera novela se reflejan muchos de los elementos fundamentales de su ulterior creación literaria: estilo occidental, humor de trazo muy personal, y cautivadora nostalgia. Murakami es probablemente el más fuerte de los candidatos al premio 2014, aunque nunca se sabe.

2- Durante sus estudios en Uganda, Ngũgĩ wa Thiong’o escribió sus dos primeras novelas y su primera pieza teatral, The Black Hermit. Weep Not, Child fue la primera novela de un africano oriental y despertó un gran interés internacional. Su tercera novela, Om icke vetekornet (Si no el grano de trigo), publicada en 1967, fue escrita en Leeds y obtuvo muy elogiosas críticas.
Thiong’o escribe desde 1978 casi exclusivamente en la lengua del pueblo kikuyu. Su dura crítica contra los ricos terratenientes y políticos, que oprimen a los pobres para acrecentar sus ganancias, le hizo tomar la decisión de escribir en kikuyu para llegar a los campesinos. Después de la realización de su pieza Ngaahika Ndeenda en el centro cultural de Kamiriithu, fue encarcelado sin proceso. Ngügï describió su año en la cárcel en Detained: a Writer’s Prison Diary (1981). He leído algunos fragmentos (en inglés) que me han parecido magistrales y conmovedores.

3- Desde su debut en 1957, Assia Djebar ha tratado en forma literaria los problemas de que ha sido testigo y que la han acosado: las condiciones de las mujeres musulmanas del Magreb, el despertar político producido por la revolución de independencia de Argelia, el derecho de las mujeres a la educación y la historia social de África del norte.

A diferencia de muchas feministas occidentales, que han tomado distancia de las religiones por considerarlas patriarcales, Djebar apoya su feminismo en interpretaciones del Islam y de las épocas de Abraham y Hagar, como se ve en su novela Loin de Médine (Lejos de Medina). Como ocurre con muchos otros autores postcoloniales, las narraciones de Djebar tratan sobre los temas de idioma e identidad.

4- Una de las más fuertes candidatas, Joyce Carol Oates, extraordinariamente productiva y una de las más elogiadas escritoras norteamericanas de todos los tiempos. Muchas veces ha sido mencionada como firme candidata al premio Nobel.

Su escritura lleva el sello de su adhesión a la escuela tradicional de lo realista-romántico, en que las relaciones, decepciones y sueños de los individuos, junto a las descripciones de la sociedad norteamericana contemporánea, han estado siempre bajo el foco central, frente a los experimentos formales del postmodernismo.

Durante la década de 1980, con Bellefleur y otras novelas posteriores, reintrodujo el romance gótico y dejó de lado la contemporaneidad para explorar la historia norteamericana. Sus más recientes novelas han sido crónicas familiares.
La novela Blonde, publicada en 2000, trata de Marilyn Monroe y ha sido muy estimada y elogiosamente comentada, se ha vendido en grandes ediciones y fue nominada a premios de prestigio como el Pulitzer y el National Book Award.

5- La poesía de Adonis es moderna y modernista. Bajo una fuerte influencia de los surrealistas franceses, su lírica está colmada igualmente de referencias a los mitos y símbolos de las múltiples y milenarias culturas del Mediterráneo. Muchos expertos lo consideran como el más importante poeta vivo del idioma árabe y varias veces ha sido mencionado como un posible ganador del premio Nobel. Su obra más conocida, el cliclo poético Cantos de Miyar (1961) es valorado como una de las altas cumbres de la nueva poesía árabe, en particular, y de la poesía modernista, en general.

6- Philip Roth ha publicado 28 novelas, varias premiadas, desde su debut en 1959 hasta 2007. Él ha descrito su oficio como “escribir biografías apócrifas y falsas historias”. Ya desde sus primeras novelas ha descrito escenas sexuales con íntimos detalles y exclusivamente desde el punto de vista masculino, lo que le ha valido ser calificado como pornográfico y antifeminista.

Desde su debut con Goodbye, Columbus (Adiós, Colón) la novelística de Roth ha recorrido varios estadios de desarrollo. Con frecuencia regresa a sus propios orígenes como judío de clase media y con ellos escenifica sus relatos; del mismo modo, ha criticado la diferenciación entre las categorías de ficción y autobiografía.

Comprometido con la libertad de la literatura, Roth se ha unido a Milan Kundera, Orhan Pamuk y Salman Rushdie en el repudio público contra las prácticas “codiciosas” y “abusivas” de la distribuidora internacional Amazon.

7- Svetlana Aleksijevitj (bielorrusa y periodista) llama a su suite de novelas documentales Utopins röster – Historien om den röda människan (Voces de la Utopía – Historia del ser humano rojo). El primer libro de la serie es Kriget har inget kvinnligt ansikte (La guerra no tiene ningún rostro femenino) y en él narran varias mujeres sobre su vida en el Ejército Rojo durante la “Gran Guerra Patriótica” (Segunda Guerra Mundial).
En 1992 se inició en Minsk un proceso contra Aleksijevitj y su libro Zinkpojkarna (Los muchachos de zinc), pero gracias a la movilización de las fuerzas democráticas del país, las acusaciones fueron retiradas. A finales de la década de 1990 Aleksijevitj fue sistemáticamente sometida a acoso y presiones por parte del régimen de Lukashenko y se vio obligada a abandonar su patria en 2000. Vivió primero en París; luego, entre 2006 y 2008, en Gotemburgo y más tarde en Berlín. En 2011 regresó a su hogar en Minsk.

Según numerosísimos observadores y levantadores profesionales de apuestas, Aleksijevitj es la gran favorita para el premio Nobel 2014.

8- En relación con las protestas estudiantiles de 1986 en China, Bei Dao se convirtió en un individuo impublicable y sin derecho a trabajar. Después de las protestas y de la masacre en la Plaza de la Paz Celestial (Tiananmen) en Beijing, donde algunos de sus poemas habían sido declamados por los manifestantes, debió abandonar el país para evitar la prisión. Ha vivido en Alemania, Suecia, California. Su esposa y su hija pudieron reunirse con él recién a mediados de la década de 1990.
Bei Dao ha recobrado la posibilidad de vivir y trabajar en China, desde 2006. Sus obras han comensado a ser permitidas y toleradas. Se han traducido a 25 idiomas. Además de poemas, ha publicado relatos, ensayos y novelas.

9- Milan Kundera inició su carrera literaria como poeta y su primer libro, la antología poética Clovek zahrada širá (El hombre es mi jardín), se publicó en Checoslovaquia en 1953. Luego siguieron varias colecciones de poemas, una exitosa pieza de teatro en un acto, Majitelé Klícu (Los propietarios de las llaves, 1962), que plaanteó la problemática de las premisas sociales del individuo para sus acciones políticas, y más tarde la colección de relatos Kärlekens löjen (Los amores ridículos, 1963), antes de tomar la decisión de escribir novelas. Su novela de debut, Skämtet (La broma, 1970), sobre los efectos del estalinismo sobre la vida emocional, se publicó en 1967 y tuvo un modesto recibimiento internacional.
Kundera tuvo un enorme éxito internacional en 1984 con Varats olidliga lätthet (La insoportable levedad del ser), libro prohibido en Checoslovaquia hasta 1989. La novela fue llevada al cine en 1988.

10- Después de publicar varias colecciones de relatos, dio a conocer Péter Nádas su primera novela, Slutet på en familjeroman (Final de una novela familiar, 1977). En 1986 publicó Minnesanteckningarnas bok, (Libro de apuntes), que describe el mundo como un sistema de relaciones que enlazan a las personas unas con otras. Sobre el trasfondo de la historia de la cultura europea, examina la disolución de la personalidad y las posibilidades de, a pesar de esta disolución, encontrar un sentido en el mundo real.

En 2005 se publicó la novela Parallella historier (Historias paralelas). El argumento está construido en torno a la historia de dos familias: una de ellas, — Lippay-Lehr, es húngara, la otra — Döhring, es alemana. Son como dos avenidas de acontecimientos que se cruzan y se relacionan a través de hechos y personas.

Una vez hecha esta lista, bueno es advertir que, si bien el Premio Nobel de Literatura 2014 puede caer en las manos de alguna de las personas incluidas en ella, también es perfectamente posible que caiga en manos de alguna de las centenares criaturas escribientes no mencionadas aquí pero sin duda merecedoras de que la doliente humanidad las lea.

Recomiendo a mis lectores y lectoras, los y las, echen una ojeada a Wikipedia o a cualquier enciclopedia de papel, y enriquezcan su ya vasta cultura con algún nuevo conocimiento literario. Bueno es subrayar que, por lo que se ve en esta lista, el público lector nórdico ama a los escritores y las escritoras que han sufrido persecución y se han enfrentado con valor a ella por la libertad de pensamiento, por los derechos de las mujeres y por los derechos humanos en general. Lo que, sin duda, influirá grandemente en la Academia Sueca.

Carlos Vidales
Estocolmo, octubre 1 de 2014

Elogio de la poesía

Juan Manuel Roca, Doctor Honoris Causa, Universidad Nacional de Colombia, 2014

Juan Manuel Roca, Doctor Honoris Causa, Universidad Nacional de Colombia, 2014

Juan Manuel Roca
Texto presentado y leído en la ceremonia de entrega del
Doctorado Honoris Causa
por la Universidad Nacional de Colombia.
Bogotá, septiembre 25, 2014

 Buenas tardes. Quiero manifestar mi gratitud hacia el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia por esta distinción en la que se habla, entre otras cosas, “de un reconocimiento a una vida dedicada a la poesía”. Que una Universidad valore, más allá de que esto recaiga en mí, el ámbito de la lírica, me resulta a todas luces alentador, cuando en muchos espacios de la vida académica se minusvalida todo lo que no sea pragmático o fácilmente comprobable. La poesía, que según Saint John Perse, es “el pensamiento desinteresado” no suele ser llamada con frecuencia al festejo académico ya que no pocas veces se ve como una religión sin feligreses. Por lo menos,  estos reconocimientos escasean para mi escindida generación.

Mi generación ha oído y recibido más nombres que una pila bautismal. Para seguir en el juego nominal, que parece el de las muñecas rusas que tienen adentro otras que a su vez contienen una más, he propuesto para ella el nombre de Poetas del inxilio, en razón de que sus obras aparecen y se consolidan en los años de mayor desplazamiento en Colombia.

El inxilio es una suerte de exilio interior, un despojo de núcleos humanos, de familias desplazadas a las que les han usurpado sus tierras. Quienes padecen el drama del exilio interior saben que muchos de estos generadores de expulsión -paramilitarismo, guerrilla, violencia estatal y paraestatal-, han sido atrapados por el negocio de la guerra y por los políticos venales.

También la poesía ha sido desplazada de los medios impresos con contadas excepciones y, más aún, de los grandes sellos editoriales. Así que inxiliada en su propia búsqueda, esta generación sabe que el desplazamiento humano es el mayor drama colombiano actual.

El inxilio quizá tenga unos rasgos de enajenación y de expolio peor que el de quienes tienen que exiliarse. Es la pérdida del país dentro del país mismo, tener que habitar en la periferia como un único territorio posible, sentirse ciudadano de ninguna parte, exiliado de sí mismo, pertenecer a un no-lugar.

Colombia es uno de los países con más número de desarraigados en el mundo. En 2013 se señala la cifra de 230 mil personas entre hombres, mujeres y niños obligados a abandonar sus tierras. Mi generación ha asistido de manera dolorosa a ese inmenso desalojo. Y no pocas veces lo registra en sus poemas. Naturalmente, el desplazamiento que da nacimiento al inxilio colectivo no es privativo de estos tiempos y podríamos remontarnos a la violencia de los años cincuenta, pero nunca este drama ha sido más cruento que a partir de los años en los que esta generación se ha venido expresando. No es un capricho. En aras de señalar un período de nuestra historia, el nombre de Poetas del Inxilio podría ser una forma sencilla de recordar  nuestro drama colectivo. Quizá sea cierto lo que afirma el más citado de los poetas argentinos: “la realidad no es verbal”. Pero aún así, creo que hay que nombrar a los desplazados internos una y otra vez, hasta que se acaben la guerra y el desarraigo.                                                

La poesía se mueve en los terrenos de la duda, en algo que avasalla todos los géneros artísticos hasta el punto de poder señalar que donde no hay poesía difícilmente hay arte, desde la plástica y la cinematografía hasta la narrativa y la dramaturgia. Y es que esta anómala forma del pensar que nunca ha debido escindirse de manera radical de la filosofía, parece que más que escribirse, sucede.

He sido cauto a la hora de señalarle un papel mesiánico a la poesía y a pedirle de manera irrestricta una utilidad inmediata. Pero como soy de la creencia de que  es algo más que un género literario, que es más bien una forma de andar por el mundo, de respirar al unísono con los demás, me resulta impensable que no atendamos aún sin un “deber ser” programático a nuestra historia, que en nuestro caso está atravesada por una suma interminable de violencias. Por un absurdo temor a la ambigüedad, a las verdades que no pertenecen al orden de lo inmediatamente comprobable, por la falta de rigor científico y otros aparatos del concepto lógico, algunos le enrostran a la poesía una falta de tratos con la realidad en otra forma de violencia cultural, de imposición. Creo, con Raúl Gustavo Aguirre, que “lo inexpresable también forma parte de la realidad del hombre”.

Aimé Césaire, un poeta que se sentía torturado y humillado en cada hombre o mujer torturados o humillados, se asumía como víctima pensando que somos parte los unos de los otros y que no vivimos en un mundo abstracto, enajenados de la realidad.  Es poco probable que haya un pensamiento de orden filosófico que no se pregunte por lo que nos sucede en los demás, en sus alegrías y desvelos. Lo mismo ocurre con la más alta poesía.

Pensar que hay miles de estrellas muertas en el cielo que nos siguen alumbrando conduce a pensar en los cientos de poetas muertos que aún nos siguen, de la misma manera, alumbrando.

La sola imaginación es subversiva y casi sin premeditación se vuelve una suerte de resistencia espiritual. Ahora, es bien sabido, como decía César Fernández Moreno, que como no se ha podido poetizar la política se ha politizado la poética. Y hay ejemplos de grandes poetas que se manifiestan políticamente en sus versos sin perder de vista su alto rigor estético, como René Char, César Vallejo, Yannis Ritsos, Carl Sandburg, Osip Maldestam, Vladimir Holan, Anna Ajmátova, Nelly Sachs, Bertolt Brecht, Paul Celan y tantos otros que no cabrían en esta página. Si hago este breve listado, es solo porque generalmente y de manera maliciosa, desde la orilla de los manieristas sólo se recuerda a los malos poetas políticos, que también son legión, y de esa forma despachan y rehúyen el asunto de una necesaria impureza lírica que también hace parte de la vida.

En cuanto al poder transformador de la palabra, el mejor ejemplo lo encontré en una cárcel de Chile, donde un preso me expresó el más alto elogio de la poesía que haya escuchado.  Allí, en un lugar que parece negar de entrada la libertad, me contó que todas las noches se escapaba de su celda y saltaba los cuatro muros cardinales mientras leía los poemas místicos de San Juan de la Cruz.

A lo mejor podría haber sido otro poeta el que leyera,  pero el efecto de transformación del ánimo y por tanto de la realidad, podrían haber sido los mismos. El reo chileno me hizo dudar de algo que siempre he afirmado en contra de los mesianismos, aquello de que intentar cambiar la realidad con poesía es como intentar descarrilar un tren atravesándole una rosa en la carrilera. Una condena al fracaso. El hombre enjaulado volaba encima de los muros sin que le aplicaran la ley de fuga, gracias a la voz de un remoto poeta.

Y vuelvo al territorio de la duda. En poesía una verdad mal dicha fácilmente se vuelve mentira mientras que una ficción bien lograda puede volverse para siempre verdadera, como Hamlet, Sherezada o Moby Dick, y digna como ese personaje del coronel que no tenía quien le escribiera y que no usaba sombrero para no tener que quitárselo ante nadie, según la magnífica novela de García Márquez. No le basta con las verdades fácilmente compartibles y arrulladoras, pues al igual que la filosofía su territorio de exploración natural está en la duda. La poesía se pregunta cómo andar al mismo tiempo en dos orillas de la realidad, en medio de lo que Simone Weil llama “una comunidad ciega”, una aturdida comunidad dividida entre la realidad y el deseo.

A cada rato, cuando se habla de la utilidad de la poesía en un medio de naturaleza violenta como el nuestro, se acude una y otra vez a una pregunta del romántico alemán: “¿para qué la poesía en tiempos de penuria?” Creo que es mejor cambiar, invertir la pregunta y decir ¿para qué la poesía en tiempos que no sean de penuria? ¿Como simple adorno? ¿Como manierismo? ¿Como un mero esteticismo? De ser cierto que la poesía no tiene sentido en tiempos de penuria nunca se habría escrito, pues todos los tiempos del hombre han sido de penuria.

Un aparente escollo para la poesía tiene que ver con la crisis de la palabra, en particular por su constante manoseo. La palabra es la primera baja en una crisis social: para qué el vocablo pan si no remplaza al pan, para que la palabra libertad si tantas veces está en los labios de los carceleros. Sin embargo esto, antes de crearle un desaliento obliga al poeta a buscar la palabra justa en el inmenso pajar del lenguaje y a habitar de nuevo las palabras que el mal uso ha ido volviendo huecas, calcáreas. Es paradójico, hasta la libertad en el poema resulta tantas veces contradictoria por el hecho mismo de querer fijarla en palabras. Como es paradójico que estando la poesía construida con vocablos aspire al silencio.                                                                

La poesía, y tomo acá su nombre de manera genérica para toda creación artística, como un epicentro de todas las artes, parece recordarnos que resulta tan precaria, tan irrisoria la llamada realidad  (y “realidad” es una palabra que al decir de Vladimir Nabokov siempre debería ir entre comillas) que a cada momento tenemos que inventarla. Esto hace que la poesía no sea tan lejana de la ciencia, no obstante sus búsquedas se den en diferentes estadios del pensar, en diferentes gabinetes de la imaginación. (Aldo Pellegrini, dixit).                                                                          

Lo que hace más rica y diversa a la poesía escrita es que las verdades estéticas que se agolpan en la interpretación de la lírica nunca han podido, a pesar de credos y de manifiestos cerrados, del aluvión interpretativo, imponer un sentido único a la expresión creadora. Que no tenga nunca el rango de fórmula matemática, sino que el sentido de lo impersonal y de lo abierto la visiten, hace que la poesía resida más allá del poema, aún en los linderos del lenguaje, en los bordes de la palabra que se calla.                        

Previene René Menard sobre “dos clases de poetas sin porvenir: los que protestan por el Paraíso Perdido y los que prometen una Edad de Oro. Los primeros lisonjean sueños que el hombre persigue desde su madurez; los segundos seducen hasta el momento en que demuestran su espíritu de tiranía”. Habla el mismo Menard de “los poetas ideólogos” para quienes “el fanatismo o la esterilidad son su refugio”. La poesía es algo más que un catálogo de ideas. Los francotiradores del inmediatismo político veían mal a Rubén Darío porque cruzaba en medio de gallineros en Managua pero los imaginaba cisnes, veía indígenas chorotegas sin dientes pero creía que eran princesas de una corte de Versalles, con lo cual también condenarían a cualquier caballero de triste figura capaz de trocar, como todo gran poeta, molinos en gigantes, mujeres de espléndida fealdad en arquetipos de belleza. “La verdadera poesía no consuela de nada”, decía René Menard.                                                                                                                                                                                                                                                                               

Aunque el poeta sabe que, más temprano que tarde, será como todos los hombres victimizado por la realidad, le opone la palabra al nombrarla, tiene clara conciencia de que pastorear lo real, domesticar lo real para sumergirse en zonas de significado mitológico, es una función devoradora. Ese “cambiar la vida”, la vieja divisa de Rimbaud, cada vez parece asistirlo menos. Pero es su aspiración el encuentro con la esencia, la búsqueda de una ética ligada a la belleza superior lo que lo pone en contacto con la eterna fugacidad, con lo que huye llevando en sí jirones de otras realidades más complejas. Realidades que, al cambio feroz de los días y aún de los milenios, exigen particularmente unos nuevos tratos con el lenguaje.                                                                                             

La poesía se parece, en su calidad invasora, a la araña que sube por la escoba que la barre: pone un contrapunto a la razón. Y es en esa satanización de lo poético en aras de la realidad que pregonan los tiempos y que pregonan las sociedades hipnotizadas por el miedo a pensar, donde -de nuevo la araña trepa a la escoba- le queda a la poesía su antigua y renovada condición de resistencia. De ese centro brota el hombre negado a la clonación o al autismo. Es ahí, en el reino paradojal, donde la poesía expulsada de la República de Platón, que en nuestro caso podría ser la República de Plutón, tiene un reino de individuos insumisos.                                                                                                                                                                                                

Ser poeta en un país salvaje es elegir una larga cuarentena, guardar como un talismán la palabra más breve y, por momentos, la más bella. Esa que en Colombia parece olvidada, la rotunda voz que casi nadie dice, que casi nadie oye, las dos letras que conforman la palabra no.

Nunca antes la poesía y el poeta -y no hablo desde la ideología- tiene mayores estímulos para diferenciarse del país que no desea suyo. No es un deber ser, no es algo programático, pero qué necesario es enfatizar la distancia frente al crimen, no tanto por sentirnos más buenos como por sentirnos lejos de los pases hipnóticos de la muerte espiritual y del gregarismo tribal frente a la nada.                                              

Libertad y poesía son dos palabras siamesas: la una conduce a la otra y difícilmente se pueden separar para que tengan vidas escindidas. A no ser que al enunciarse se trate de una falsa libertad, como la que está casi siempre en labios de carceleros y liberticidas, de una parte, y de la impostación poética, de otra.

Esas dos palabras, esos dos conceptos por los cuales han corrido verdaderos mares de tinta, me parece que han sido muy bien definidos por una dupla de escritores de talantes afines y de percepciones cercanas al anarquismo. Albert Camus, que decía que la libertad es el derecho a no mentir, y Henri David Thoreau, quien afirmaba que la poesía es la salud del lenguaje.

Lo contrario, la servidumbre intelectual del poeta y la docilidad del ciudadano, no es otra cosa que la práctica de una voraz autofagia, una forma de devorarse a sí mismo. Es la muerte del que disiente, el destierro del outsider, el exilio del fuera de lugar o del perpetuo insatisfecho. En realidad, más que en un exilio, el outsider vive ahora su  periferia, el convertirse en extranjero en su propia tierra, muchas veces hasta el extremo de verse arrinconado en los límites del lenguaje. Todo por saber que la poesía puede llegar a convertirse en un territorio autónomo, algo así como la banda sonora de la desobediencia. Por supuesto que ejercer ese derecho a no mentir es castigado de una y mil maneras por bedeles y comisarios.

La idea orwelliana de que “si la libertad significa algo es el derecho a decir a los demás lo que no quieren oir”, en sociedades ensimismadas por el  unanimismo conduce hasta al extremo de poner en riesgo la vida del ejercitante. Del que se atreve a decir, a pesar de todo, lo indecible.

Cuando John Donne afirma que nadie puede dormir en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo, podría estar hablando también del poeta. El poeta es el que canta en medio de las encrucijadas, el insomne frente al destino colectivo que no obstante hace del sueño su irremplazable alimento. A lo largo de mi vida de escribano no he intentado otra cosa que ejercer la libertad y con ella la independencia. Libertad de culto, de ideología, de fortuna, de banderas y esteticismos. La libertad de ejercer la imaginación sin pagar aduanas, sin el soberano permiso de nadie.

Soy de la idea de que mientras persista la imaginación, la capacidad de fabular más allá de la espesa nata de la uniformidad y el gregarismo, mientras la poesía sea arena y no aceite en las maquinarias ideológicas y cerradas de un mundo sin matices, el hastío, el miedo y la miseria, ese trípode en el que se monta la visión del mundo actual, no extenderá del todo su aire espeso, el agujero negro de la satisfacción y el aturdimiento colectivo que tanto exaltan los tartufos.

Creo en los poetas de la intemperie, en los que no sufren la claustrofobia de su mundo intimista, en los que tienen al mismo tiempo que muchas reflexiones y lecturas, un tramado de calles, de retículas y trazados por los que transitan los hombres.

Que la poesía es una religión sin feligreses se nos repite a cada tanto en los medios y en los bufetes, invocando la inutilidad y llamando al desaliento, y tras manifestarlo corren a reunirse y a hablar en el esperanto de la tontería y los lugares comunes, en una religión cuyo único dios tiránico es el embotamiento de los sentidos, la pérdida irreparable del sentido de la individualidad creativa y la aventura.

Quisiera repetir con René Char que “en todas nuestras comidas en común invitamos a la libertad a sentarse”. Y agregar en consenso con el poeta  que “el lugar permanece vacío pero el cubierto está puesto”. A esto conduce la mejor poesía.

 

Crecer

Sin tierra. Desterrados. Foto de Sebastiaõ Salgado.

Sin tierra. Desterrados. Foto de Sebastiaõ Salgado.

(De Cuadernos del exilio)

Crecer y multiplicarse.
Invadir las ciudades y los campos.
Acusar, a golpes de mirada fija,
con tu sola presencia innumerable
y hacer de tu sombra sin límites, sin forma,
una mancha global de orgullo y de vergüenza.

Crece, crece. Inunda las calles y las plazas.
Siembra insomnio en el sueño de los opresores,
rompe los muros, las alambradas, las fronteras.

Te robaron tu patria.
¡Haz del planeta tu patria indivisible!

Carlos Vidales
Estocolmo, 2014

Teología de la pelota

Universum - C. Flammarion, coloreado por Hugo Heikenwaelder, Wien 1998, del grabado de autor anónimo en la obra de Camille Flammarion, L'Atmosphere: Météorologie Populaire (Paris, 1888),  p. 163. La imagen representa a un monje que traspasa el límite entre el cielo esférico y la tierra plana. El original tiene un texto en la base que dice: "Un misionero medieval cuenta que ha encontrado el punto en que el cielo y la Tierra se encuentran..."

Universum – C. Flammarion, coloreado por Hugo Heikenwaelder, Wien 1998, del grabado de autor anónimo en la obra de Camille Flammarion, L’Atmosphere: Météorologie Populaire (Paris, 1888), p. 163. La imagen representa a un monje que traspasa el límite entre el cielo esférico y la tierra plana. El original tiene un texto en la base que dice: “Un misionero medieval cuenta que ha encontrado el punto en que el cielo y la Tierra se encuentran…” (Tomado de Wikimedia Commons)

En aquellos tiempos oscuros
no se podía jugar fútbol
porque, según el dogma,
la pelota era plana.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010

Nota bene: La ironía de este poema no va dirigida contra la teología católica ni contra el pensamiento medieval, pues durante toda la Edad Media fue sabido por la gente culta europea que la Tierra y la pelota eran objetos esféricos. Fueron los filósofos presocráticos quienes creyeron que la Tierra era plana, si bien Parménides y Pitágoras afirmaron que era una esfera. Más tarde, Aristóteles ofreció las razones lógicas para postular esta esfericidad. En muchas otras culturas de la antigüedad se consideró como verdad científica y religiosa la idea de que nuestro mundo era plano. Los mayas conocieron la redondez de nuestro planeta y, desde luego, la anatomía esférica de la pelota de caucho natural, de la que fueron inventores. El mito “racionalista” de que los teólogos medievales sostenían que la Tierra era plana fue inventado durante el siglo XVII para desacreditar al catolicismo, empresa en la que se dieron la mano los protestantes y los científicos librepensadores, pioneros de la “Edad de la razón”. Según James Hannan, “El mito según el cual las personas de la edad media creían que la Tierra era plana aparece en el siglo XVII como una campaña por los protestantes en contra de las enseñanzas católicas. Pero logró notoriedad en el siglo XIX, gracias a historias no basadas en hechos como en History of the Conflict Between Religion and Science (Historia del conflicto entre la religión y la ciencia) de John William Draper publicado en 1874 y en History of the Warfare of Science with Theology in Christendom (Historia de la guerra entre la ciencia contra la teología de la cristiandad) de Andrew Dickson White publicado en 1896. Ateos y agnósticos lucharon para imponer esta idea del conflicto para lograr sus propios propósitos…” (James Hannam. “Science Versus Christianity?”). Así pues, mi poema se burla tanto del pensamiento dogmático como de las absurdas mentiras fraguadas por algunos en nombre de la ciencia para luchar contra el dogmatismo. Vale.

Fútbol precolombino

Mural maya (fragmento). El juego de pelota.

Mural maya (fragmento). El juego de pelota.

Los mayas jugaban con la cadera.
No jugaban football sino hipball.
Se castigaba severamente
al jugador que tocara la pelota
con la cabeza,
pues la cabeza estaba destinada
a calcular los movimientos de las pelotas del cielo,
donde los dioses juegan con sus caderas de tinieblas
y precipitan soles y galaxias
en esos agujeros negros,
dioses del hambre inmemorial
en cuyos hornos turbulentos
se fabrican los nuevos universos.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010

Evocación de Martí

José Martí

José Martí

El 15 de enero de 1871, pocas horas antes de tomar el barco que lo llevará al destierro en España, José Martí escribe a su maestro y protector Rafael María de Mendive:

Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas para tanto y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, sólo a usted se lo debo, y de usted y sólo de usted es cuanto de bueno y cariñoso tengo.

No ha cumplido aún los dieciocho años, pero ya ha pasado uno en la cárcel. Allí, pagando el crimen de haber escrito en pro de la independencia de su patria, ha culminado la formación de su personalidad. Conoce ya que lo importante no es cuánto se sufre, sino saber sufrir, y conoce que el hombre verdadero ha de sentir gratitud y amor por su maestro.

Hoy, al recordar a Martí cuando se acerca el mes de mayo y un nuevo aniversario de su muerte, es preciso evocar también al hombre que lo formó con decisión y generosidad. Rafael María de Mendive era un pedagogo de infinita paciencia, un hombre de gran ternura, un poeta de verso suave y sencillo y un patriota valiente que sufrió con entereza la cárcel y el destierro por la libertad de Cuba. Él infundió en José Martí un amor ardiente por los débiles y los oprimidos y un entusiasmo fervoroso por las acciones heroicas. Pero sobre todo, él supo moldear la inteligencia extraordinaria de su discípulo, y someterla al gobierno de dos cualidades tutelares: la moral y la disciplina. Y esta sujeción de un talento brillante y entusiasta al orden de una moral lúcida, sin dogmas, y de una disciplina implacable, harían de la personalidad de Martí uno de los fenómenos más extraordinarios en la historia de Nuestra América.

“La inteligencia sin virtud no es más que azote y crimen”, habría de decir más tarde el propio Martí. Él hizo de su vida una conjunción indisoluble de inteligencia y virtud, y por eso pudo decir alguna vez, respondiendo a los ataques injustos de un adversario político:

Si mi vida me defiende, nada puedo alegar que me ampare más que ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame mi vida.

La disciplina hizo de él un trabajador excepcional. En un sólo día solía escribir diez cartas, varios manifiestos revolucionarios y dos o tres artículos periodísticos. Asombra constatar la elevada finura y calidad de sus escritos, compuestos con una velocidad febril y revisados con feroz autocrítica, a vuelo de pluma.

Inteligencia, moral y disciplina trabajando juntas: el resultado no puede ser otro que la originalidad. Martí jamás adoptó esquemas ni modelos ajenos y siempre estudió las experiencias de otros para aprender, no para copiar. Más aún, él comprendió con claridad que la falta de originalidad ha matado la virtud y generado la infamia en nuestra historia, cuando el empecinamiento por organizar a nuestros pueblos con fórmulas importadas ha conducido al uso inevitable de la coerción dictatorial. Así lo expresó en el ensayo titulado Nuestra América:

Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

No puedo resistir aquí la tentación de trazar un paralelo entre José Martí y Simón Bolívar. Ambos, discípulos admirables de maestros admirables: el uno de Mendive, el otro de Simón Rodríguez. Ambos, poseídos por la misma causa: la independencia y la construcción de la identidad de Nuestra América. Ambos, dominados por una febril excitación y una energía descomunal: Bolívar recorrió cien mil kilómetros librando batallas por la libertad, Martí viajó por todos los continentes de la inteligencia forjando cien mil ideas por la libertad. Ambos quemaron la llama de su existencia en ese vértigo creador: Bolívar murió a los cuarenta y siete años, Martí a los cuarenta y dos. Ambos comprendieron la ineludible necesidad de la guerra libertadora frente a una potencia colonial resuelta a mantener su imperio por la fuerza: “Sólo la guerra puede salvarnos por la senda del honor”, dijo Bolívar, y Martí fue más preciso:

Es criminal… quien promueve una guerra que se puede evitar; y criminal quien deja de promover la guerra inevitable.

Pero el paralelo es más profundo que eso. Ambos vieron, cada uno desde la perspectiva de su tiempo, la importancia que tendría el desarrollo de Nuestra América para el mundo entero: Bolívar dijo alguna vez que “nuestra causa es la de todo el género humano”, y Martí escribió: “Es un mundo lo que estamos equilibrando; no son sólo dos islas las que vamos a libertar”. Ambos advirtieron también el peligro que para el continente y el mundo representaba el agresivo desarrollo del poder económico y político de la gran nación norteamericana, y a Martí correspondió el mérito de reformular y profundizar las premisas teóricas de la identidad latinoamericana frente a las fuerzas crecientes del imperialismo.

Ambos fueron pensadores originales, creadores. Bolívar intentó elaborar una doctrina del poder y del estado a partir del examen de la realidad hispanoamericana, y desde su Carta de Jamaica hasta la Constitución Boliviana, pasando por las tesis expuestas en su discurso ante el Congreso de Angostura, se respira una libertad de pensamiento y una osadía de análisis propias de quien no teme concebir ideas nuevas. La obra de Martí es un ejemplo viviente de originalidad creadora.

Ahora bien, los grandes hombres no surgen solos, no son islas ni oasis del desierto. Las épocas de Bolívar y de Martí fueron épocas revolucionarias, preñadas de luchas y de heroísmos, con alzamientos de pueblos y movimientos de muchedumbres, con precursores y mártires. Las tierras que habrían de constituir la Gran Colombia, el escenario de Bolívar, engendraron y parieron dos generaciones brillantes de hombres que dieron una faz nueva a las ciencias, las artes, las letras y la política, y lo mismo ocurrió en la región del Caribe en la época de José Martí. Hostos, Maceo, Gómez, son figuras prominentes entre las muchas figuras prominentes de ese tiempo.

Pero allí puede terminar el paralelo porque Martí fue además un polígrafo. Escribió poesía y prosa, narración y artículos periodísticos, cuentos para niños y manifiestos revolucionarios, ensayos históricos y notas polémicas, tesis políticas y alegatos morales, indagaciones filosófícas y códigos institucionales, descripciones de la vida cotidiana y estudios sobre lógica. Sus cuadernos de apuntes muestran su interés sin límites por todos los temas, desde los más banales hasta los más abstrusos. Fue precursor del modernismo en literatura. Los grandes escritores españoles de la Generación del 98 reconocieron su autoridad de maestro. Fue elemento decisivo en la construcción del Partido Revolucionario Cubano. Redactó el Plan de Alzamiento de 1884 y el Manifiesto de Montecristi de 1895. Fue corresponsal y colaborador de muchos periódicos sudamericanos, compuso innumerables discursos para sus compatriotas en el exilio, escribió obras de teatro, intentó novelas.

Fue un hombre libre, apóstol de hombres libres. Partidario de la guerra libertadora, se opuso en medio de ella al espíritu militarista de jefes ilustres y heroicos y les dijo con franqueza que “no se funda un pueblo como se manda un campamento”. Supo distinguir la diferencia y los límites entre la acción militar necesaria para la revolución y las desviaciones y aberraciones militaristas, las arrogancias de quienes intentaban usar las armas y las charreteras como un argumento en el debate político del pueblo, la grotesca tentativa de dirigir al partido revolucionario y gobernar al país liberado mediante órdenes de cuartel. Héroe civil, héroe de la dignidad humana plena y libre, fue un Apóstol de la Libertad y así quedó bautizado para siempre en la historia de América.

Es pertinente aquí, y oportuno también porque nos hallamos en medio de una época en que no faltan quienes buscan reivindicar derechos especiales de raza frente a la historia, recordar lo que José Martí escribió sobre las razas y el racismo:

Esa de racista está siendo una palabra confusa y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra; dígase Hombre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre; peca por redundante el que dice “mi raza”. Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la Humanidad.

En mayo, cada año y cada mes de mayo, recordamos su muerte. Cayó en combate, el 19 de mayo de 1895, en una escaramuza que no habría tenido mayor importancia si él hubiera sobrevivido. Trece años antes había escrito:

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor:
¡Yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al sol!

Murió, en efecto, como siempre había vivido: de cara al sol, aunque hoy tengamos que hacer un esfuerzo para no pensar en la siniestra connotación que el fascismo español dio a esa bella expresión: de cara al sol.

Y la tumba de Martí, casi incógnita, es apenas casi solamente el viento.

Recordemos el terrible instante.

Martí cayó muerto porque se adelantó con heroísmo, aunque rompiendo la disciplina. Máximo Gómez había intentado, sin éxito, quebrantar las fuerzas españolas, más numerosas y aguerridas. Al retirarse para organizar una carga recibió la tremenda noticia de la muerte de Martí y se lanzó al rescate de su cuerpo, temerariamente solo. El fuego nutrido del enemigo le impidió avanzar. Los jinetes españoles habían reconocido el cadáver de Martí y ahora se retiraban con el sangriento trofeo.

La furia y la angustia cundieron entre los cubanos, que comenzaron a concentrarse para intentar el rescate del Apóstol. Entretanto, el capitán español Ximénez de Sandoval, excitado e incrédulo, examinaba el cadáver. El práctico Oliva aseguró categóricamente que ése era el cuerpo de Martí. Todavía se pidió confirmar la identificación a dos personas: un capitán que había visto al héroe, meses antes, en Santo Domingo, y el mensajero Chacón, quien también conocía a Martí.

Ximénez de Sandoval, sin embargo, quería estar plenamente seguro. Una revisión de la casaca ensangrentada del cadáver disolvió todas sus dudas: en un bolsillo se hallaron los papeles de identidad de José Martí.

Una anotación en el diario de campaña del oficial español nos cuenta que los ojos del muerto quedaron abiertos y que “tenía las pupilas azules”.

Los esfuerzos de Maximo Gomez por rescatar el cuerpo de Martí fueron inútiles. La columna española pudo proteger su retirada con las defensas naturales del terreno y los cubanos, muy inferiores en número, no pudieron quebrantar la resistencia enemiga. Una repentina tormenta impidió a Gómez continuar sus ataques y cuando al fin logró llegar al bohío por donde acababa de pasar Sandoval, se le informó que la tropa española se dirigía a Remanganaguas, a marcha forzada, para enterrar a Martí.

“Aquella noche –cuenta el biógrafo Jorge Mañach*– en el campamento mambí de Las Vueltas no hubo necesidad de tocar a silencio. Con el fuego del vivaque se le vio al Chino Viejo un centelleo en las mejillas húmedas. Alguien acuñó, ya para la posteridad, un titulo venerador: El Apóstol.”

“En el centro de la columna española, obligada tambien a acampar por un torrencial aguacero, el cuerpo de Marti fue bajado de la acémila del práctico y dejado toda la noche bajo el cielo negro. No se veían las palmeras, pero los grillos siseaban en las tinieblas su llamamiento implacable.”

“A la tarde siguiente lo enterraban en el camposanto aldeano, de alambradas y cruces de palo. Ximénez de Sandoval tenía prisa por saborear la victoria. Pero cerca de Santiago, adonde había comunicado la noticia, recibió ordenes de regresar a Remanganaguas y llevar a la ciudad el cadáver para que no quedasen dudas en La Habana. Ni en la Florida ni en Nueva York, donde los emigrados iban a desmentir desesperadamente el cable…”

“Mal embalsamado, en un ataúd hecho de cajones y colocado sobre unas parihuelas, el cuerpo de Martí llega a Santiago de Cuba el 27 de mayo. La columna, que ha sido varias veces tiroteada por el camino, se abre paso entre grupos torvos y silenciosos… Después de la formal identificación, se lleva el ataúd al cementerio con mucho séquito de tropa. Allí el coronel Ximénez de Sandoval inquiere si alguno de los no militares presentes desea hablar. Al cabo de un largo silencio, él mismo pronuncia unas breves palabras:

Señores: Cuando pelean hombres de hidalga condición, como nosotros, desaparecen odios y rencores. Nadie que se sienta inspirado de nobles sentimientos debe ver en estos yertos despojos un enemigo… Los militares españoles luchan hasta morir; pero tienen consideración para el vencido y honores para los muertos.

Martí había escrito:

Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni espiga cultivo:
cultivo una rosa blanca.

Y ahora, en el acto sombrío de su entierro, podía verse cómo ese hombre bueno y generoso, muerto y tendido en un frío ataúd, se las arreglaba para volver a nacer y sembrar su rosa blanca en el corazón de su enemigo, el coronel Ximénez de Sandoval.

¡Qué contraste! Hubo una vez un general mexicano que perdió una pierna en batalla, y la batalla se interrumpió para enterrar la pierna en funerales de apoteosis, con honores de Jefe de Estado. Esos son generales y batallas y piernas de opereta: la muerte de Martí no ha sido, ni podría ser motivo para interrumpir la batalla por la independencia de Nuestra América, por la libertad y la dignidad del hombre. Y no puede serlo, porque esta no es una riña de payasos, sino la gesta histórica que los pueblos de nuestro continente deberán librar para construir sociedades libres y justas, “con todos y para el bien de todos”.
* Jorge Mañach, Martí, El Apóstol, tercera edición, Espasa-Calpe Argentina S.A., Buenos Aires, 1946.

 Carlos Vidales
Estocolmo, 1997.
Revisado: 2013

El astillero de la nave de los locos

La nave de los locos: Jerónimo Bosch

La nave de los locos: Jerónimo Bosch

Suelta amarras la barca,
Su negro velamen de harapos y mortajas.
La brújula de la razón está perdida
En las cámaras secretas de un palacio,
Oh, gran señor de las anclas oxidadas.
Los días no tienen playa
Y la pestífera nave hace aguas,
Mascada por un concilio de ratas.
Es un catafalco de mar
Que transporta muletas y llagas
Desde la noche medieval.
Es un triste comercio de miasmas y miserias,
Una barca bautizada por el Bosco
Que quiebra en su proa
Una botella de agua envenenada.
Juan Manuel Roca
enero 5, 2013
Especial para NTC
Algunas reflexiones:
Comienzo por el final porque los últimos serán los primeros. En prosa llana, El Bosco es lo correcto. Pero yo interpreto a Juan Manuel cuando escribe “el Bosco” en términos poéticos, como una trampa sutil para que el lector no se distraiga demasiado en la referencia pictórica. Yo le he hecho al poeta una trampa no tan sutil, publicando su poema junto con la pintura de El Bosco. Pero todo esto genera nuevas trampas sutiles, porque Juan Manuel Roca, aunque describe el cuadro con bella crudeza (la alusión final a la botella que es rota por la proa de la barca me parece magistral, pone en movimiento a la barca del cuadro), en realidad nos quiere llevar al “astillero” donde la barca se construye y es atiborrada de locos. Ese “astillero” es la sociedad humana, que produce locos por doquier y los embarca en navíos para enviarlos hacia la nada, hacia la perdición y el naufragio final. De hecho, durante el Renacimiento era práctica común poner a los locos en embarcaciones que derivaban en los ríos y dependían de la caridad o la indiferencia de los “cuerdos”. Muchos artistas populares realizaron pinturas y grabados sobre el tema durante los siglos XV y XVI y, entre los artistas cultos, Durero realizó espléndidos grabados sobre el tema. Con ellos ilustró La barca de los necios de Sebastián Brandt, publicado en 1494, mucho antes de que El Bosco pintara su cuadro. Así pues, el tema de los locos, o los necios, o los estultos, era ya tradición popular muy arraigada en tiempos de El Bosco. Por otra parte, Michel Foucault, en su libro Historia de la locura en la época clásica, dedica páginas memorables al tema. Lo que hace el poema de Roca tan “tremendo”, como yo lo he calificado, es que nuestro poeta (que conoce muy bien la historia del arte, como me consta), no se detiene en estas erudiciones y sintetiza con cruda fuerza varios niveles de nuestra cultura occidental, este “astillero de la nave de los locos“. Si El Bosco denunció con inimitable humor y frescura la insensatez de los sensatos que condenaban al ostracismo a los que pensaban diferente (los “locos”), si Erasmo se atrevió a escribir un Elogio de la locura (de la estulticia, decía él, en armonía con la semántica germana), si Sebastián Brandt escribió ese formidable poema moralizante que es La barca de los necios, es porque durante el Renacimiento fue muy evidente para los intelectuales y filósofos que la locura era, por una parte, un producto de la sociedad estúpida, ilógica, injusta y enajenada y, por otra parte, un síntoma de cordura y rebeldía (por lo tanto, de desadaptación y marginación) frente a esa sociedad loca y dogmática. Tales ideas están presentes en la obra de Pico de la Mirandola, en algunos relatos y comentarios de Nicolás Maquiavelo y en muchos textos y obras de escritores, pintores y grabadores. No sobra recordar que la más grande novela jamás escrita en lengua castellana es la amable metáfora de un loco y su escudero, el primero con la locura de intentar mejorar el mundo con métodos feudales, el segundo con la cordura maravillosa de acompañar la locura de su caballero andante, solo en virtud de la más cuerda y sensata de las locuras humanas: la lealtad.

En suma, que yo amo mucho este poema de Juan Manuel Roca porque me ha inspirado las más desaforadas y locas reflexiones literarias, único recurso para recuperar la cordura después de estos festejos de Año Nuevo.

Carlos Vidales
Estocolmo, 6 de enero, 2013

Gaza

 

En medio de la tierra
vi un monstruo horrendo
abominable.

Con estruendo rompía
los huesos y las vísceras
de hombres y mujeres
y de ancianos y niños.

– “¿Qué verdugo es este?” –,

exclamé, horrorizado.

Volvió hacia mí sus ojos
refulgentes de odio sin medida
y rugió:

– “¡No soy el verdugo! ¡Soy La Víctima!”

Carlos Vidales
Estocolmo, noviembre, 2012