Einstein: ¿Por qué socialismo?

Albert Einstein

Albert Einstein

Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949

¿POR QUÉ SOCIALISMO?

 Albert Einstein

¿Debe opinar sobre el socialismo quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales? Por una serie de razones creo que sí.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

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Grabado de Goya

San Pantxo, burro y apóstol

(Fragmento del manuscrito descubierto por Carlos Vidales bajo los muros de Jericó, Antioquia, Colombia)

San Pantxo el Orejón, burro y apóstol, ha sido recientemente declarado inexistente, no-persona, no-burro, por Su Santidad el Papa católico. No obstante este pequeño inconveniente, publicamos aquí este testimonio de gran valor ético. Creemos que, si bien es posible que el santo burro Pantxo no haya sido testigo presencial de lo que cuenta, también es indudable que Su Santidad el Papa tampoco es testigo presencial de lo que afirma. Y puesto que hablamos de asuntos de fe, que cada cual crea lo que quiera.

Este diálogo sagrado
ocurrió, según mi ciencia,
cuando Adán, con impaciencia
se presentó ante Jehová,
a pedirle por piedá
que lo escuchara en audiencia.

Adán:
Vengo a pedirte, Señor,
que me des una mujer
que me sepa complacer
y me trate bien bonito,
porque me siento solito
y empiezo a desfallecer.

Mira que aquí en el Edén
al repartir la baraja
saqué la carta más baja,
me tocó un juego nefasto,
a todos les tocó pasto
y a mí, Señor, pura paja.

Por eso te solicito
con el debido respeto,
que me saques de este aprieto
dándome una compañera
que me ayude, que me quiera,
y me mueva el esqueleto.

Jehová:
Tenés razón, hijo mío,
solito estás, ya lo veo;
aunque sos peludo y feo,
yo te hice a mi semejanza
y por eso sin tardanza
voy a cumplir tu deseo.

Pero como ya gasté
todo el aliento vital
en crear el mundo animal,
voy a precisar ahora
fabricar a tu señora
con tu mismo material.

Por eso te sacaré
con artes de cirujano
lo más bonito y más sano
que en tu cuerpo pueda hallar,
para con él modelar
un ser precioso y lozano.

Mas te advierto con franqueza
que observando tu organismo,
no puedo encontrar yo mismo
una partícula bella
para hacerte una doncella
con primor y virtuosismo.

Pues aunque quise crearte
a mi imagen parecido,
vos me saliste torcido,
porque después del esfuerzo
de hacer todo el Universo
yo estaba muy distraido.

Y lo único que veo
después de mi revisión,
es un huesito pelón
que tenés en el costado,
y que yo dejé olvidado
debajo del corazón.

Adán:
Señor, si vas a sacar
mi mujer de mi esqueleto,
yo voy a vivir inquieto:
ella, pa estar a mi altura,
será feminista dura
y yo quedaré incompleto.

Jehová:
Pensás como un macho bruto,
y te lo voy a explicar:
incompletos van a estar
ella y vos, pero al juntarse
juntos van a completarse
y así podrán procrear.

Lo que voy a hacer con vos
es una gran maravilla,
pues esta verdad sencilla
vas a escuchar, viejo Adán:
tus cachorros nacerán
del vientre de tu costilla.

Así, no tendrás derecho
a sentirte superior;
ninguno será el mejor,
cada uno será una parte,
y se unirán por el arte
y la magia del amor.

Adán:
Ahora sí entiendo, Dios mío,
te lo agradezco y te juro
que seré sincero y puro
y daré a mi compañera
el amor que ella requiera
y el respeto más seguro.

Dame pues mi mujercita,
que la impaciencia me lleva;
le daré por nombre Eva,
sácamela de una oreja,
del páncreas o la molleja,
pero nunca de una breva.

Sácala de una costilla,
sácala de donde sea;
la amaré cuando la vea,
le daré lo que me pida,
y mientras yo tenga vida
cumpliré con mi tarea.

Jehová:
Veremos si sos capaz
de cumplir con tu palabra;
para vos mi Gloria se abra
si hacés las cosas bien hechas,
aunque según mis sospechas
sos más loco que una cabra.

Adán:
Antes de irme, Señor,
yo te quiero preguntar
por tu manera de hablar
que me suena problemática:
tu Verbo es de una gramática
que yo no sé conjugar.

Jehová:
No te asombrés, viejo Adán,
así lo quiso el Destino:
yo hablo un idioma divino
y vos hablás castellano,
porque Adán es colombiano
pero Dios… es Argentino.

(Aquí termina esta parte
que a lo largo y a lo ancho
y sin mucho zafarrancho,
del fondo de su memoria
y siendo fiel a la historia
les contó el Profeta Pantxo.

Tal vez contará algo más
si hay salud y fortaleza;
todo sea por la grandeza,
el amor y la ternura,
la pureza y la hermosura
de Madre Naturaleza).

Vale.

San Pantxo el Orejón, burro y apóstol.