Testamento

A las víctimas anónimas

No tengo bienes, excepto
mi amor por la vida:
es un lugar común, no vale nada.

A la señora muerte dejo
las últimas migajas del festín.

Mi lápida ha de ser
una piedra pulida
de bella sencillez
y en su rostro, labrado este epitafio:

Aquí yace esta piedra
y debajo de ella
uno de tantos.

Carlos Vidales
Estocolmo, abril de 2012

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10 pensamientos en “Testamento

  1. Es borgiana esta idea: “Con cada hombre no sabemos cuánto ni qué se muere; con los recuerdos y las imágenes que cada uno se lleva algo se apaga definitivamente, algo termina de morir con el último hombre que lo recordó. Y nadie (ni él) lo sabe”.

    Vale tu epitafio, es bello, cobra mas sentido con la dedicatoria.
    Claro esta que no somos eternos, mas vale preguntarnos que asi como la vida tiene un contenido que se discute, tambien lo tiene la muerte. Por ejemplo Borges nos da una idea de la misma, que tiene su valor. Si tuviera razon, cabria preguntarse qué es lo que muere o qué es mas importan, si la dimesion material dnuestra o la dimensión subjetivo, que perdura.

  2. Se me escapo el comentario cuando estaba reflexionando sobre él. Veo que se hace largo, me extendere en un mail. Si bien no creo que una dimensión de la vida se vaya al “cielo”, que trascienda la conciencia humana ni que sea eterna, estimo que la de cada uno persiste e incide tras la muerte, “aqui nomas”, como dice Borges, en el valle de lagrimas y sonrisas en que transcurrio la existencia, por no indagar mas profundo. Chau Cumpa querido

  3. Querido Viejo, yo no pensaba mucho en mi destino personal ni en mi “pequeña muerte” cuando escribí este poema. Pensaba en los miles y miles de mis compatriotas que han sido asesinados, que no tenían otra cosa que su amor a la vida y que yacen bajo la tierra, anónimos, sin una lápida y sin que haya quedado de ellos ni su nombre, ni siquiera un modesto testamento. Cada uno de ellos es “uno de tantos”. Y cada uno es único. Esa fue toda la intención de mi poema. Un abrazo.

  4. Entendí el poema cuando vi el mapa y que no te referías a tu vida. Mi reflexión estaba vinculada a la trascendencia de nuestra existencia en su entorno social, histórico, aun después de la muerte. Inclusive las victimas a que haces referencia a las que revivistes para mí, en el sentido borgiano. Sumo como homenaje este poema de Antonio Muñoz Feijoo (1851-1890) nacido en Popayán, colombiano el hombre, que parece haberlo escrito para estos hermanos a quienes nos recuerdas.

    No son los muertos los que en dulce calma
    la paz disfrutan de la tumba fría;
    muertos son los que tienen muerta el alma
    y aún viven todavía!

    No son los muertos, no, los que reciben
    Rayos de luz en sus despojos yertos;
    Los que mueren con honra son los vivos
    Los que viven sin honra son los muertos.

    La vida no es la vida que vivimos.
    La vida es el honor y es el recuerdo
    Por eso hay muertos que en el mundo viven
    Y hombres que viven en el mundo muertos.

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