¿Qué es la poesía?

Demócrito

Demócrito de Abdera (ca 460 aC - ca 370 aC)

Para mí tengo que si supiéramos qué es la poesía, no gastaríamos el tiempo tratando de escribirla.

¿Cuándo nació la poesía? Exactamente en el mismo instante en que nació el lenguaje articulado. Dijo Demócrito, uno de los más lúcidos “filósofos” presocraticos (lo pongo entre comillas porque los presocráticos eran, ante todo, poetas, más que filósofos): “La palabra es la sombra de la acción”. Esta sentencia es la piedra angular de la lingüística y el fundamento primordial de la poesía. La palabra es una metáfora. Y la metáfora es poesía elemental. Demócrito creía en un universo de átomos y la metáfora es un átomo de poesía.

¿Podemos decir algo más sobre este asunto? Lo dudo. La poesía es la más alta forma lúdica del lenguaje y los juegos son para jugarlos y gozarlos, no para definirlos. Si yo digo que el cuervo enviado por Noé para indagar si había tierra firme después del diluvio, regresó sin dar noticias porque no quería decir que inmensos continentes y millones de especies se habían salvado de la catástrofe, algunos pensarán que esto es una herejía, pero no faltará quien considere que hay una sombra de poesía en este chisme. La metáfora es selectiva, es siempre filtrada por el tamiz de las culturas. Amo al cuervo porque fue discreto y porque no quiso humillar el orgullo de Noé. Algunos gustarán de esto, otros no.

¿Existe el poema por excelencia, el poema fundacional? Yo creo que sí: “En el principio era el Verbo”. Esto no quiere decir que nada existía antes del lenguaje articulado. Solamente quiere decir que no podíamos decir nada antes del Verbo. Todo era incomprensible, nebuloso, caótico, antes del lenguaje articulado. Mejor síntesis poética de la cultura (o de la estupidez) humana no he encontrado en mis infatigables lecturas de toda una vida. El Verbo es nuestro origen de seres humanos, es decir, de poetas.

Y los animales, ¿tienen sentido poético? Vaya uno a saber. Pero es un hecho que los pájaros machos cantan y las hembras escogen al que, para su gusto, canta mejor. La señora hermana loba escoge por compañero al lobo que aúlla el mejor poema a la luna, según su leal saber y entender. Esto no será poesía en el sentido humano, pero nadie ha podido probar hasta ahora que la poesía solamente existe “en un sentido humano”. Lo que conmueve las entrañas más profundas de un ser viviente es, de algún modo, poesía.

Todos los fragmentos de Heráclito que han llegado hasta nosotros son poéticos, metafóricos y alegóricos. Ninguno puede ser considerado como una formulación fríamente científica, “objetiva”. Hay que leerlos y entenderlos como poemas antes de descifrarlos como sentencias filosóficas o cosmogónicas. Valga este ejemplo:

Este ordenado universo, el mismo para todos,

no ha sido creado por dios alguno

ni por hombre alguno;

sino que siempre ha sido, es y será

fuego eterno y viviente

que se enciende en medidas

y se apaga en medidas.

Aquí no falta nada, no sobra nada. Todo lo esencial está dicho. Y, sin embargo, los filósofos han sentenciado que Heráclito es “oscuro” porque no han leído sus fragmentos con ánimo poético.

El poeta ama la síntesis metafórica, el filósofo ama la explicación racional minuciosa. “Este ordenado universo” debe ser “este universo sujeto a un orden, unas leyes, una lógica, un logos, una razón universal”; “el mismo para todos” debe ser “de carácter y naturaleza objetivos, no subjetivos, no dependientes del capricho de cada cual, sino independientes de la voluntad humana”. “No ha sido creado, etc.” no requiere explicaciones: es una declaración de ateísmo fundacional. “Siempre ha sido, es y será fuego eterno y viviente” deberá ser “la eterna transformación de todas las cosas, la historia sin comienzo y sin fin de la energía elemental” a la que habría de aludir dos milenios más tarde Walt Whitman. “Que se enciende en medidas y se apaga en medidas” es la postulación, no solamente del mentado “big bang” sino de millones de “big bangs” regionales y locales que los físicos de hoy están comenzando a descubrir. “En medidas” significa aquí y allá, en puntos y regiones diferentes y en proporciones determinadas por el logos universal.

Los poetas como Heráclito son profetas. Pero no toda poesía es profética. Hay poesía en el llanto, en el lamento, en la añoranza, en la descripción empática de hechos y fenómenos, en la alabanza, en los clamores contra la injusticia y en algunas diatribas, las que son dictadas por la ironía y no por el odio o la envidia. La poesía es ajena a los sentimientos mezquinos y miserables.

No hay poesía ninguna (por lo menos yo no la veo) en las loas al dictador, al jefe supremo, al líder, al jefe de estado, al mandamás, al Señor Presidente, escritas y declamadas para gestionar prebendas o favores, becas o estipendios, de la misma manera que no hay amor sexual en el uso lujurioso de la prostituta por parte del cliente.

Es, por otra parte, natural, que más de la mitad de los poemas que se escriben se refieran a la poesía y al oficio del poeta. Porque la poesía es un misterio y el poeta, como un eterno adolescente, se pregunta una y otra vez frente al poema: ¿Qué es esto? ¿Por qué lo escribo? ¿Y en virtud de qué bendición-maldición estoy condenado a escribirlo?

Si pudiéramos responder a estas preguntas no gastaríamos el tiempo en escribir poemas. O en leer los que otros escriben. El poema congrega en torno suyo a la muchedumbre humana de cazadores de nuevos códigos significantes. En cada poema se ensaya una gramática particular que trasciende la gramática normativa de la lengua común. Queremos jugar con las palabras y las frases para descubrir nuevas maneras de expresar la eterna fascinación del lenguaje articulado frente al amor, la vida, la muerte, el sentido de la existencia, la construcción de algo bello y efímero y el desconcierto de no poder definir con exactitud en qué consiste la belleza.

Juan Manuel Roca ha dicho que el poeta es un pastor de abismos. Es una bella idea. El ser humano no puede existir sin inventar a cada instante nuevos abismos interiores a los que debe amansar y pastorear para poder sumergirse en sus profundidades en busca de sí mismo. En esos laberintos de tinieblas ¿cuál es el camino que conduce a la respuesta definitiva que buscaba Gilgamesh con tanta obstinación? No lo sabemos. Pero sí sabemos que en cada rincón de esos intrincados corredores acecha la poesía para atraparnos en sus redes.

Carlos Vidales
Estocolmo, julio 25 de 2011

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