Exilio

Enero 12, 2010 por Carlos Vidales

Exilio español, 1939

Exilio

Fui dejando mis huellas y mis lágrimas
tendidas, como harapos, a lo largo del camino;
fue mi única forma de mantenerme entero
mi modo de crecer
mi último recurso de condenado a muerte.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2000

Geometría y piel de gallina

Enero 11, 2010 por Carlos Vidales

Westerner y un árabe estudiando geometría. Manuscrito, siglo XV.

Geometría y piel de gallina

Soy el geómetra existencial,
indagador de las líneas y las formas
que definen la invisible estructura del Universo
y su secreta relación con la conducta humana.

Con admirable paciencia he descubierto
verdades trascendentes, a tal grado
que se me pone la piel de gallina.

(La gallina es un ser maravilloso
cuya piel usamos para expresar las más intensas emociones)

Veamos.

Luego de arduas reflexiones, he puesto al desnudo
la ética miserable del cubo.
El cubo no es de confiar: tiene seis caras.
Por eso, los tahúres usan cubos
disfrazados de dados
para engañar a los incautos.

La línea recta
tiene mucha integridad, pero es estúpida:
va derecho al grano
sin pensar en los obstáculos
y por eso tiene corta vida
y no llega a parte alguna.

La línea curva es terca como una mula
y políticamente intransigente:
se desvía constantemente hacia el mismo lado
y si no encuentra quien lo impida
termina por cerrar el círculo vicioso
y morderse la cola de modo lamentable.

La hipotenusa, ¡ah, la hipotenusa!
solo vive para el triángulo amoroso
eternamente en yunta con sus dos catetos.

El péndulo es un genial estratega:
él sabe que para alcanzar las máximas alturas
hacia adelante,
debe tomar impulso
alcanzando las máximas alturas
hacia atrás.
Quienes ignoran este principio sano y sabio
podrán ganar alguna batalla
pero invariablemente perderán la guerra.

Y ahora viene lo mejor. No se distraiga.

¿Para qué tiene usted dos ojos?

Pues, para ver en tres dimensiones.
Esta admirable paradoja (2=3)
no es bien comprendida por algunos ciudadanos
que ven en tres dimensiones
pero piensan en dos.

Su geometría mental es plana:
anverso-reverso, ancho-largo,
blanco-negro, bueno-malo,
yo-ellos,
conmigo-contra mí.

Nunca han entrado en combate
pero viven en el imaginario infantil de la barricada:
“¡La barricada solamente tiene dos lados!”, gritan.

Claro: ellos del lado bueno, nosotros, del malo.

¿No es increíble?

Hasta el ladrillo más estúpido
es, cuando menos, tridimensional.
Y lo sabe. Sin ojos.

Algún defecto grave
hay en la geometría genética del humano.

Otra vez se me pone la piel de gallina.

He estado en muchas barricadas
y todas eran multidimensionales
con niveles, matices, contradicciones,
laberintos y formas y colores.

Un átomo es un sistema planetario.

Un ser viviente es un cosmos.

Una barricada es un universo en ebullición.

Y la piel de gallina
es la pantalla mágica, viviente y palpitante
de nuestra geometría emocional.

Eso es.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010-01-11

Décima de Buen Amor

Enero 10, 2010 por Carlos Vidales

Coito: Tacuinum Sanitatis, manuscrito medieval, siglo XIV (cod. Paris)

El Arcipreste de Hita
disfrutaba con humor
el goce del buen amor
en cama grande o chiquita;
así el poeta acredita
la inspiración verdadera
cuya pródiga cantera
es camastro estremecido
por el delirio encendido
de una yunta placentera.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010-01-09

Nota bene: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, nació probablemente hacia 1283 y escribió su obra durante la primera mitad del siglo XIV. Murió hacia 1350. Encarcelado por el Arzobispo de Toledo, don Gil de Albornoz, a causa de la controversia sobre el celibato eclesiástico obligatorio que entonces se intentaba imponer, escribió en la prisión el “Libro de Buen Amor”, en cuyas páginas se defiende el derecho de los clérigos a la convivencia amorosa “con hembra placentera”. Su doctrina humanista sobre la función saludable del amor y del acto sexual procede sin duda del “Manual de Salud” (Tacuinum Sanitatis), manuscrito ilustrado del siglo XI, escrito por el médico árabe Ibn Butlan de Bagdad (Abulkassem de Baldac). Diversas copias de este manuscrito circularon profusamente entre la gente letrada de Europa durante varios siglos, hasta que a mediados del siglo XVI se hicieron sus primeras publicaciones en imprenta. En el Tacuinum Sanitatis consta la necesidad saludable de realizar el coito con alguna regularidad y, además de los consejos de salud y precaución pertinentes, se acompaña el texto con la ilustración correspondiente, a todo color, según la figura anexa que he reproducido de mi biblioteca (Tacuinum Sanitatis, copia de Paris, folio 100v). Si alguno de mis lectores se siente escandalizado por mi décima, le ruego que se traslade mentalmente a la Edad Media para que pueda ver las cosas con la tolerancia de los clérigos de aquella época tan sabrosa. Vale.

El prudente Nostradamus

Enero 8, 2010 por Carlos Vidales

Michel de Nostredame (1503-1566)

Hablaba como profeta:
los poderes condenaba
y sus lacras denunciaba
mediante clave secreta;
así el prudente poeta
si quiere llegar a viejo,
ha de seguir su consejo
dando noticias del día
en forma de profecía
para salvar el pellejo.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2010-01-07

Señor hermano Heráclito

Diciembre 30, 2009 por Carlos Vidales

Colisión de dos galaxias

Señor hermano Heráclito,
he intentado verificar tu postulado:
no es posible, afirmas,
bañarse dos veces en el mismo río.

He hablado con el río,
he oído su rumorosa, fugitiva voz.

He aquí su mensaje:
no es posible
bañar dos veces al mismo filósofo.

El hermano Heráclito, es verdad,
no se bañaba con frecuencia:
una vez al mes, cuentan las olas
chismosas del mar.

¿Cómo podría yo reconocerlo,
si ahora mismo ya no soy sino agua ida?

¿Y a quién le importa,
si cada uno es ya un exilio de sí mismo?

Señor hermano Heráclito,
tu voz cambiante, eternamente nueva
se quedó congelada en la escritura
para poner en movimiento
huracanes de ideas adentro de mi cráneo.

Es de volverse loco.

Y en este mismo instante
llega a los telescopios
el resplandor de un choque de galaxias
ocurrido hace diez millones de años
y los astrónomos anuncian:
¡Dos galaxias acaban de chocar!

Señor hermano Heráclito
llévame al reino de tu fuego eterno,
dame la paz del Universo en movimiento
sin descanso
sin comienzo, sin fin, sin límtes, sin muerte.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2009-12-30

El Señor de la Paz

Diciembre 30, 2009 por Carlos Vidales

El Señor de la Paz dice su verbo:
es justo hacer la guerra
cuando la guerra es justa.

Todas nuestras guerras son justas.

Hacemos la guerra
para imponer nuestro sistema
y eso es muy justo.

Nunca hemos defendido
las ideas de otros:
somos justos.

Algunos de mis soldados morirán
y todos matarán.
Tal es el precio de la guerra justa,
única garantía de la Paz.

Así habla
el Señor de la Paz con Dinamita.

Loado sea su nombre.

Carlos Vidales
Diciembre de 2009

Señora hermana muerte

Diciembre 28, 2009 por Carlos Vidales

La señora hermana Muerte
llora por los rincones
desolada.

La han dejado sin trabajo.

Si va a cumplir su cita con un cliente
le dicen: llegó tarde, señora,
a éste ya lo mataron.

Lejos están aquellos días inocentes
cuando la señora hermana Muerte
y nadie más
estaba autorizada a segar vidas.

Todos matan
por mayor y al menudeo
y a nadie le importa el libro de citas
de la señora hermana Muerte.

Nadie se libra, ni los enfermos.

Los virus y microbios
han firmado contrato con las grandes empresas
para matar a unos pocos
y vender falsas vacunas a millones:
“No es personal, amigo, son negocios”.

Señora hermana Muerte,
yo te prometo
luchar por tus derechos naturales
así tenga que morir en el empeño.

Carlos Vidales
Estocolmo, 2009-12-28

El mapa

Diciembre 4, 2008 por Carlos Vidales

upps04_blog

Un cuento breve de Carlos Almira Picazo *

Leer el resto de esta entrada »

Óyeme con los ojos

Octubre 9, 2008 por Carlos Vidales

Don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), pasó varios años encerrado en su casa, sufriendo lo que hoy llamamos “arresto domiciliario”, a causa de sus duros escritos políticos contra la corrupción reinante. Pero sus “retiros” no eran todos de castigo ni de penitencia. Durante largos períodos se aislaba del mundo para reflexionar, escribir y “conversar con los difuntos”, como él llamaba al ejercicio de leer “pocos, pero doctos libros”.

Tenía en su dormitorio un mueble que él mismo había diseñado. Era un estante rotatorio, con ruedas, que él arrimaba a su lecho para gozar de la lectura de los libros selectos que reposaban en el mueble. Era su biblioteca de cabecera.

Durante uno de esos retiros espirituales, en el pueblo Torre de Juan Abad, escribió este soneto en honor a sus libros y a los “difuntos” con los cuales conversaba a través de sus lecturas:

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Ahora bien. El cordobés Gabriel Laguna, en su hermoso blog dedicado a la tradición clásica y su influencia sobre la moderna cultura occidental, ha escrito una interesante nota sobre la notable metáfora “en conversación con los difuntos” como alusión a la lectura de libros clásicos. Poco agregaré sobre sus notas eruditas, que los lectores pueden saborear directamente:


En conversación con los difuntos

Solamente comentaré que en el soneto de Quevedo brillan dos metáforas:


“vivo en conversación con los difuntos”
, y
“escucho con los ojos a los muertos”.

Ambas metáforas tienen raíces en la tradición clásica, pero son revividas creativamente por los grandes poetas del barroco y, en general, de fines del siglo XVI. Sorprende, por ejemplo, esto de “oír con los ojos” (= leer), más cuando se constata que la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) construye con ella esta bellísima estrofa:

Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.

Según los expertos en literatura, que parecen saber mucho del asunto, Sor Juana es una representante del barroco y en particular de su escuela culterana. Lo malo de tales clasificaciones es que omiten las historias personales y socialesde cada verso, de cada estrofa y de cada metáfora.

Ni Quevedo ni Sor Juana “escuchaban con los ojos a los muertos” o “vivían en conversación con los difuntos” por puro gusto personal. Quevedo creció, solitario y receloso, a lo largo de los corredores del Palacio Real, viendo con sus ojos tanta corrupción, tanta intriga, tanta podredumbre humana, que su clara inteligencia le enseñó a menospreciar a esa alimaña que se llama “homo nobilis” (el noble) y a poner los ojos en la voz escrita de los sabios muertos. Sor Juana, mujer, hija ilegítima, mestiza, bella y dotada de inteligencia genial, aprendió pronto a ver las lacras ocultas bajo la hipocresía de los doctos y beatos fariseos de la corte virreinal, y con la alegría irónica del destructor de mentiras se dedicó a escribir versos amorosos por encargo de damiselas coquetas que, tal vez, nunca entendieron cabalmente los mensajes secretos de ética y justicia envueltos en las metáforas culteranas de nuestra amada monjita.

Hoy oímos con los ojos a Quevedo y a Sor Juana y sentimos por ellos la sana y robusta veneración que se debe sentir por dos buenos compañeros.

Carlos Vidales

La Estrella

Enero 6, 2008 por Carlos Vidales

La Estrella (crónica mínima)

Carlos Vidales
6 de enero de 2008, Día de Reyes

Su explosión fue tan grande, que todos los sistemas planetarios situados en un radio de 150 años luz desaparecieron consumidos por el fuego. Cientos de miles de civilizaciones fueron aniquiladas. Millones de especies inimaginables quedaron reducidas a partículas, polvo cósmico, gas incandescente. La luz enceguecedora de la explosión viajó –y viaja todavía– en todas direcciones, a través de los espacios siderales.

Varios millones de años más tarde, el lejano resplandor de la catástrofe llegó a un pequeño planeta poblado por seres inteligentes, los seres más inteligentes de toda la Creación, hechos a imagen y semejanza del Creador. Allí, en un país de pastores, tres astrólogos que decían ser reyes y magos, descrifraron el sentido de esta inmensa hecatombe: se trataba de la estrella que anunciaba la llegada de un niño destinado a ser torturado y crucificado para pagar las culpas de todos sus congéneres, y a la sombra de cuya imagen lacerada y dolorosa se habría de fundar la empresa más lucrativa de todos los tiempos, por los siglos de los siglos, amén.